¿Que tontería es esa de que no se le niega el pan a nadie? Que se pongan en la frontera por la parte de detrás y se pueden llevar el camión de la Cruz Roja entero, con las asistentas dentro, además.
Menos bobadas, por favor.
Bueno, está clara ya la estrategia de la izquierda para los próximos días: acusar a los ceutíes de racistas y de quitarles el pan de la boca a los pobres inmigrantes. O sea, triturar a las víctimas en su propia ciudad y mimar a los invasores para que haya un estallido social.
"El problema español es que el Estado se agiganta allí donde debería contenerse y desaparece allí donde resulta imprescindible.
Es implacable para recaudar, regular, prohibir y vigilar al español respetuoso con las leyes; pero demuestra una inquietante impotencia cuando toca proteger una frontera, garantizar el orden público o prestar unos servicios eficientes y eficaces. Cada vez esquilma más al contribuyente para ofrecerle menos, mientras invade parcelas crecientes de su libertad con la excusa de procurarle bienestar.
En Ceuta hemos contemplado la culminación de esa paradoja: un Estado con recursos para someter al ciudadano, pero sin voluntad para defenderlo".
Mazón estuvo 4 horas fuera de su puesto de trabajo durante la Dana y le denunciaron, le llamaron asesino y tuvo que dimitir.
Sánchez ha estado 25 días de vacaciones durante la invasión de Ceuta, con consecuencias nefastas para los ceutíes y ya verán cómo la culpa es de otros.
Imagínate que vives en una urbanización normal, de trabajadores.
Tú y tus vecinos salís a trabajar, volvéis a casa, sacáis a los perros, algunos tenéis hijos, etc. Lo normal.
En la urbanización hay dos locales vacíos de dos tiendas que cerraron o se mudaron de lugar y, un día, dos grupos de personas, de las que no sabes nada, entran en los locales y se quedan a vivir.
No trabajan. No tienen horarios establecidos. Ruidos. Consumen droga. La higiene brilla por su ausencia. Gritos. Peleas constantes.
Comienzan a robar a los vecinos: primero ropa de los tendederos, paquetes de correos o Amazon, piden dinero continuamente o hurtan al descuido.
Luego escalan. Comienzan a dar tirones a los bolsos. Después a collares y pendientes provocando lesiones y caídas y continúan amenazando con navajas o directamente dando una paliza al chaval del quinto que iba con el móvil en la mano.
O haciéndole un mataleón a tu vecina Pilar, que tiene 85 años. Y ahora está grave.
Trafican con droga. Y siguen escalando.
Un día, violan a una chica que pasaba por la noche cerca de la urbanización cuando volvía del cine hacía su casa.
Y escala. Las agresiones sexuales se suceden. Las peleas. Los robos. Incluso algún homicidio. Un ajuste de cuentas. Un robo que salió mal.
Y tú, vecino o vecina, que te levantas a las cinco de la mañana para ir a trabajar, para pagar impuestos para que toda la ralea política viva de ti, ves como en televisión, tertulianas y políticos te dicen que tu urbanización está bien, que no hay inseguridad, que estás exagerándolo por culpa de los discursos de extrema derecha del barrio pijo que ve como tu urbanización decae.
E incluso dudas. Igual tienen razón.
Pero vuelves a casa y a tu hijo le han dado una paliza y a tu sobrina que iba con él la han intentado violar en el callejón aunque por suerte tres vecinos pudieron intervenir y llamar a la policía, salvándola.
Entonces viene el miedo. Es real. Tus hijos ya no van a la escuela ni a jugar a la calle, por si les roban, agreden o algo peor.
Llegas a casa de trabajar, sin fuerzas y pones la televisión.
Quieres ayuda. Que acabe ya. Que alguien venga y acabe con la inseguridad y miedo que sufrís en tu urbanización por culpa de unos indeseables a los que nadie invitó, que entraron por la fuerza y a los que blanquean desde poltronas y platós porque no les importáis una mierda.
Y entonces, te llaman nazi.
El Estado, al que corresponde el uso legítimo de la violencia, desaparece ante una invasión de 80 mil marroquíes, que entran sin impedimento alguno en una ciudad con casi los mismos habitantes.
Se cometen violaciones, robos, saqueos y agresiones diarias durante un mes mientras el Presidente está de vacaciones y algunos miembros del Gobierno aseguran que la situación en Ceuta es de total normalidad, que habían regresado casi todos los invasores y que no es posible ni necesario invocar la Ley de Seguridad Nacional o los estados previstos en el 116 CE.
Un mes después, el plan consiste en invocar la Ley de Seguridad Nacional, reconocer que no se fueron todos los invasores, negar que el Presidente estuviera de vacaciones y llamar racistas y nazis a los ceutíes que sólo quieren recuperar el orden público y la normalidad mientras se despliega a policías en los colegios para garantizar la seguridad de los críos de cara inicio del curso escolar.
El cuerpo del comunista: la cabeza chilena, el cerebro español, el corazón cubano, el estómago chino, el hígado soviético, las manos venezolanas y las piernas camboyanas.
La cabeza chilena piensa que el socialismo se puede conquistar por las urnas y con un discurso de «vía propia». Allende lo intentó; el experimento duró mil días, terminó con tanques en La Moneda y con el propio presidente muerto. Felizmente. Décadas después, el Partido Comunista de Chile sigue explicando que el problema no fue el modelo, sino que «no lo dejaron». La cabeza sigue intacta: nunca es el plan, siempre es el contexto.
El cerebro español elabora la teoría. En la Guerra Civil hubo quien soñó con ser «el segundo Lenin» y convertir la península en una URSS ibérica. Los intelectuales se comprometieron, los poemas se escribieron, y luego muchos descubrieron que el partido también fusilaba a los que se desviaban. El cerebro produce manifiestos brillantes sobre la justicia social y luego se sorprende cuando la práctica no coincide con el folleto.
El corazón cubano late al ritmo de «Patria o Muerte» desde 1959. Fidel prometió dignidad y alfabetización; el resultado fue un país donde la gente se lanza al mar en balsas, los médicos se exportan como esclavos y el discurso oficial sigue culpando al bloqueo de que no haya jabón. El corazón es romántico: prefiere la épica falsa de la Sierra Maestra a contar las colas y los muertos.
El estómago chino sobrevivió al Gran Salto Adelante. Mao quiso adelantar la industrialización fundiendo herramientas en patios y declarando récords de producción de acero y grano, que dejaron decenas de millones de muertos por hambre. Después vino la Revolución Cultural para corregir el rumbo. El estómago aprendió a masticar consignas cuando no había arroz.
El hígado soviético procesó planes quinquenales, vodka y denuncias. Industrializó a costa del Holodomor, llenó el Gulag y produjo un imperio que se desmoronó cuando ya no pudo esconder que las cifras eran mentira. El hígado es resistente: aguanta décadas de escasez y sigue defendiendo que «en la URSS se vivía mejor» mientras busca el archivo que demuestre lo contrario.
Las manos venezolanas gestionaron la mayor reserva petrolera del mundo y la convirtieron en hiperinflación, éxodo masivo y un país donde la gente pesa bolívares en vez de contarlos. Chávez y Maduro hablaron de soberanía y de imperio; las manos repartieron cheques hasta que se acabó la caja. Ahora las mismas manos firman decretos de «guerra económica» mientras millones se han ido andando.
Las piernas camboyanas recorrieron el Año Cero de Pol Pot. El jemer rojo vació las ciudades, abolió el dinero, las gafas y a cualquiera que pareciera letrado. Casi un cuarto de la población desapareció en los campos. Las piernas caminaron hacia el paraíso agrario y encontraron fosas llenas de cadáveres.
El conjunto forma un cuerpo amorfo donde cada parte tiene su justificación histórica, su himno idiota y su explicación de por qué esta vez sí va a funcionar. Cuando el experimento fracasa, el cuerpo no se disuelve; se recompone en otro país, con otro acento y el mismo manual. El diagnóstico siempre es el mismo: no era verdadero socialismo.
Me parece acojonante que un grupo de 30 delincuentes pueda emboscar EN CEUTA un vehículo militar (una antigualla que debería estar en un almacén o en un museo) y apedrear a placer a cuatro soldados.
O el Estado aparece en Ceuta o aparecerá la Nación en Ceuta.
Los niños ceutíes van a tener que ir al colegio con el ejército protegiéndoles.
Como los negros en Alabama en los años 60 del siglo pasado.
Sígueme para más consejos sobre cómo perder todos tus derechos en tu propia tierra con Pedro Sánchez.
Para los “valientes” que andan por aquí criticando a los militares de la emboscada de anoche: no tenéis los cojones que ellos tienen de llevar 25 días en la calle sin armas. Atacad a los que les han dejado a merced de los invasores. No a los soldados.
Esto que escribí el viernes pasado:
"Ahora estamos en plena fase de romantización de los que entraron ilegalmente. Diarios y televisiones seleccionan cuidadosamente las imágenes, los testimonios y hasta las palabras para construir un relato en el que quienes asaltaron la frontera aparecen como las únicas víctimas, mientras los ceutíes quedan reducidos a figurantes malhumorados de su propia tragedia. Si expresan miedo, son xenófobos. Si exigen seguridad, insolidarios. Si pedían expulsiones, ultras. No sólo les han arrebatado la normalidad, ahora pretenden también privarles del derecho a quejarse"
35 días después de la invasión irá Pedro Sánchez al Congreso.
2 días después de la bufonada del hantavirus ofreció una comparecencia institucional fastuosa y solemne desde el Palacio de La Moncloa con el director general de la OMS.
Todo gestos, sólo gestos. Un Gobierno hueco.
The Persecution That Doesn’t Make the Headlines
I am a Muslim convert to Christianity. I lived for 15 years as a Christian believer in Morocco, much of that time in what we called the underground church.
Listen carefully, because this is what “moderate Islam” looked like for us:
Morocco is considered one of the most moderate Muslim countries. That is true compared with Mauritania and Libya, where converts from Islam face the death penalty, or Egypt, Jordan, Syria, the West Bank, Saudi Arabia, the UAE, and Pakistan, where converts face imprisonment, torture, intimidation, or severe persecution.
But here is the reality of “moderate” Morocco.
We gathered secretly in homes every Sunday because churches were for foreign Christians, not Moroccan converts. We sang in low voices so the neighbors would not hear us. We arrived two at a time to avoid suspicion. If anyone asked, we pretended it was simply a gathering of family and friends.
We baptized converts in bathtubs.
I was baptized in a bathtub myself. A missionary and a few Moroccan Christians were the only people present.
We kept our house churches small, usually fewer than twenty people. When they became too large, we split them. Christmas and a few special occasions were exceptions.
Police raided Christian gatherings, confiscated Christian materials, dragged believers to police stations, interrogated them, threatened them, and humiliated them with vulgar language.
Our children had to go to school and study Islam and memorize the Quran even though their parents were Christians.
We could not freely give our children Christian names. The government did not need to write “Christian names are forbidden” in bold letters. The authorities simply refused to register them.
Our marriages were treated as Islamic marriages under Sharia because the Moroccan state refused to recognize us for what we actually were: Moroccan Christians.
A Moroccan Christian woman could not simply marry a foreign Christian man as a Christian. He had to establish before the authorities that he was Muslim because, according to the government, she was still a Muslim.
The state decided our religion for us.
Even death did not end it.
When a Moroccan Christian died, he was buried in a Muslim cemetery under Islamic rituals because the government still considered him Muslim. I remember one Moroccan Christian who died in Tangier. We had to do the impossible to get his body to Ceuta so he could receive a Christian funeral.
Imagine having to smuggle your religious identity across a border just to be buried according to your own faith.
We could not establish our own legal Moroccan churches. We could not get permission to build even one church for Moroccan converts. Our house churches were illegal gatherings. We lived at the mercy of the police. Any meeting could be raided. Any neighbor could report us.
Foreign Christians had churches.
Moroccan Christians had secrecy, whispers, living rooms, bathtubs, police interrogations, and fear.
And then Muslims lecture the West about “Islamophobia.”
Spare me.
1/2
1. En Valencia una gota fría arrasó con todo. Acciones del Gobierno:
- «Si necesitan ayuda, que la pidan», presidente del Gobierno.
- Margarita Robles abronca a unos ciudadanos que lo habían perdido todo al exigirle soluciones.
- Sánchez huye en Paiporta como la rata que es cuandolos españoles le recriminaron su abandono.
- Fue su culpa directa por no construir infraestructuras y por no informar de lo que iba a ocurrir cuando ya contaban con la información.
- Fueron los propios españoles los que tuvieron que ir a salvar vidas, limpiar y donar alimentos.
- Casi dos años después, no han construido nada para evitar la siguiente.
2. Accidente ferroviario en Adamuz con 46 españoles muertos. Acciones del Gobierno:
- Ni una dimisión.
- Mentiras continuas y robo de pruebas.
- Abandono absoluto de las víctimas. Sólo la Chiqui fue al funeral.
- También fueron los propios españoles los que acudieron a ayudar, donar sangre y dar apoyo.
- Desde entonces, limitación de la velocidad del AVE hasta los 65 km/h por el peligro que supone una infraestructura tan degradada y retraso continuo de los trenes que en 2018 eran los segundos más puntuales del mundo sólo tras el tren bala de Japón.
- Óscar Puente insulta a todo aquel que exige su renuncia.
- También fue culpa directa del Gobierno por abandonar el mantenimiento de las vías para dedicar ese dinero a corrupción, menas y chiringuitos.
- Más de medio año después, la solución es rezar cada vez que coges un AVE para no acabar muerto por la indecencia del Gobierno.
3. Invasión de Ceuta por Marruecos. Acciones del Gobierno:
- Irse de vacaciones.
- Negar la invasión.
- Agradecer a Marruecos su colaboración.
- Negar la inseguridad pero trasladar niñas a la península para que no las violen sus compatriotas.
- Negar enfermedades ya desaparecidas en España pero reunir a las comunidades para vacunar de esas enfermedades ya desaparecidas.
- Abandono absoluto de los ceutíes, que cada día cuentan el horror que están viviendo.
- Soltar millones a oenegés y Cruz Roja para atender a los invasores, no a los españoles, no, a los que salen con machetes, agreden y violan.
- Poner a sus medios y tertulianos a insultar a los ceutíes por racistas y xenófobos.
- Enquistar el problema dejando a los moros viviendo en Ceuta con duchas, alimentos y parece que mucha fiesta.
Y yo me pregunto: ¿para qué sirve esta gentuza y por qué los españoles no la estamos liando ya?
Os recuerdo que el gobierno envió el buque de acción marítima (BAM) Furor (P-46) de la armada española para proteger a los 4 piojos de la flotilla… Parece que Ceuta es menos importante ⚠️
Acabo de escuchar a Intxaurrondo en RTVE decir que la manifestación de Ceuta ayer fue causada por un bulo sobre los polideportivos.
Es impresionante el nivel de intoxicación de la televisión oficial del sanchismo.
Cuando acabe esta pesadilla hay que limpiar aquello integralmente.
Puigdemont se fugó porque el semáforo se puso en rojo.
Ábalos venía a luchar contra la corrupción.
Leire era una militante más.
Y no nos enteramos de que 80.000 personas iban a cruzar la frontera.
La broma ya se está alargando demasiado.