Si estuvieras aquí, conmigo, te pediría que me hablaras de todos esos sueños que tuviste que hacer a un lado por complacer a los demás y te prestaría mi almohada para que los volvieras a soñar.
Hoy en mi piel viven las cenizas de sus abrazos.
Su voz flota en mi mente como una melodía que siempre recordaré.
La dejé ir pero sé que algo de ella vivirá en mi eternamente y voy a sonreír cuando recuerde su mirada.
Muchos dicen que es de cobardes dejar ir al ser amado, pero si entendieran cómo duele ver que el brillo de sus ojos no te alumbra, entenderían que aprender a decir adiós a quien amas es el acto de valentía más grande que existe.
A lo largo de mi vida he aprendido infinidad de cosas.
Sé por qué las personas flotan en el espacio, sé también la fecha en la que terminó la primera guerra mundial, pero no sé cómo olvidar a quien pensé que estaría a mi lado por siempre.
Cada día te echas más de menos, cada día extrañas más a esa chica sonriente y soñadora que fuiste antes de entrar a este infierno del cual no has podido salir.
Tu vida está en tus manos pero tus manos no te obedecen.
Te tengo en poemas, en versos y en canciones, pero no te tengo a mi lado y no sé hasta qué punto eso sea lo mejor.
Porque te extraño, pero no quiero tenerte de vuelta.