«⠀Finalmente, se permitió volver a sus ojos, y Sara se arrepintió.
Sabía que la contraria había seguido cada uno de sus pasos, pero a pesar de su naturaleza divina, no había calculado lo cerca que estaba ahora del demonio, y todo se detuvo.
—— ¿Segura quieres...que sea aquí?
Ahora que Mei estaba en su casa, ya no había vacío que importase, aunque fuese temporal. Lo que no podía ignorar, sin embargo, era la inmensidad que las separaba en tan solo unos pasos, mientras cortaba los tallos de los lirios cuidadosamente y los ordenaba en agua fresca.⠀»
Al abrir la puerta y ver lo que se descubrió ante ella Mei tuvo que olvidar unos segundos su condición original maldita, y tuvo que sentirse humana por unos instantes.
Todo pasó muy de prisa pero muy lento al mismo tiempo, se mordió el labio entrando sin escuchar
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«⠀Terminó con las flores y las puso sobre una mesa cerca del mueble donde estaba apollada la calamidad. Aunque no había vuelto a mirarla, sonrió incrédula, negando con la cabeza.
—— Creo que no me vestí acorde, perdona. Siempre he pensado que jamás se está muy elegante.⠀»
«⠀Su mente no podía procesar la visión que era tener a la contraria frente a ella, y al notar las flores, sus tacones marcaron los rápidos segundos que le tomó abrirle paso al demonio.
—— Mei... Te ves-... ¡Son preciosas! Pasa, pasa, por favor. Deja que las ponga en agua.
A medida que el sol se ponía y bañaba su apartamento de tonos cálidos, la temperatura dentro de su cuerpo le hizo juego, subiendo con anticipación a la noche y lo que esta traería.
El ángel derramó su ropa sobre la cama como un mar de vestidos y trajes, sin saber decidir.⠀»
«⠀La ola de adrenalina que se apoderó de ella, la llevó a la puerta en un santiamén; exhalando la emoción antes de abrir lo único que ahora la separaba de la criatura que volvía a ella cada siglo.
Sara tragó fuerte al ver a la calamidad, sus ojos iluminándose a más no poder.⠀»
«⠀—— Pensé que eso era lo que les gustaba, ¿no? La tentación.
El color volvió a las mejillas de Sara, mientras servía dos tazas de café.
—— Además, en mi experiencia la sutilidad puede llevar lejos a cualquiera. Al menos a quien realmente esté interesado... ¿Quieres azúcar?
“Podría acostumbrarme a esto”, fue de las primeras cosas que pasaron por su mente mientras el olor a café inundaba el penthouse lleno de luz matutina.
Mei se veía hermosa así. Como si no fuera la primera vez en casa de la celestial. Como si no tuviera prisa por irse.⠀»
Sonrió ante el título utilizado mientras aún seguía cerca de ella, no podía evitar estarlo, no quería evitarlo, pero había respeto en sus palabras y acciones, porque nunca antes lo había habido por nadie.
—— Trato hecho...
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