Cuando llegas a tu casa, entras a tu habitación y se te ponen los ojos llorosos porque tienes tantas cosas en la cabeza que no sabes cómo gestionarlas y ya ni sabes qué hacer con tu vida. Es horrible sentirse así.
No es malo pedir reciprocidad, honestidad, atención, responsabilidad afectiva, es lo mínimo que todos merecemos. Que nadie nos haga mendigar sobras de amor haciéndonos creer que somos demasiado exigentes.
Digan lo que quieran, pero para mi es súper importante que la persona con la que estás siga contestándote las historias y siga diciéndote todos los días lo que le gustas aunque ya te tenga.