Soy el claro ejemplo, de que para alejarme de algo, primero tiene que destruirme por completo. Y no es falta de amor propio, es la bendita fe que tengo en creer que todo puede cambiar
Madurar es dejar de clasificar a las personas como buenas o malas y empezar a reconocer si su presencia aporta paz o desgaste a tu vida. No todo el que tiene un buen corazón es bueno para tí, y entender esa diferencia también es una forma de crecer.