Ander Herrera me emociona, lo veo jugar y digo que Gibraltar es Español. Pero no es solo como juega si no como una persona se enamora de un club de otro continente, vive dia a dia en el predio, habla con las juveniles del club, va a ser un gran dt.
Un pueblo que desaparece no solo se borra del mapa, se borra del lenguaje. Cada muerte en Gaza mutila también el lazo simbólico que sostenía su historia.
No hay sujeto sin Otro, sin palabra, sin comunidad, sin inscripción en una trama. Destruir sistemáticamente a un pueblo es aniquilar esa posibilidad de inscripción. Lo que está en juego no es solo la vida biológica, sino la transmisión de un deseo, de una memoria, de una cultura.
El genocidio sucediendo en Palestina está anclado en un orden global capitalista y colonial que convierte la tierra en mercancía y los cuerpos en desechables. La masacre en Gaza es el efecto de una política de despojo que lleva décadas naturalizándose.
La violencia colonial atraviesa los cuerpos, los convierte en campo de batalla, los confina al lugar de víctimas invisibles. Por ello, el silencio internacional no es neutral, es parte del crimen. Allí donde callamos, damos lugar a la barbarie. Pero el deseo resiste en quienes nombran, cuidan, transmiten, incluso en medio de la devastación.
La desaparición de Gaza nos concierne porque muestra lo que un poder sin límite puede hacer. Cada vez que un pueblo desaparece, el mundo se achica, el porvenir se mutila, y quedamos condenados a habitar un horizonte más pobre, más mudo, más desértico.
La tierra que arde en Gaza no es lejana, es la herida en común que late bajo nuestros pies.
El deseo del analista produce el surgimiento de un amor inédito, no al analista, sino un amor al saber del propio inconsciente, a la lectura de las propias marcas de goce.
Se ha acentuado que somos el nombre de una herencia, hacernos cargo de un legado, recuperar la memoria. Esta bueno pensar siempre su contracara: qué tenemos que desheredar?