Un seguidor de Jesús no es para nada santo o perfecto. Simplemente ama a su maestro, y en su búsqueda por conocerlo y estar cerca de él, día a día lo empieza a reflejar.
El Dios de los detalles sabe mi nombre, él, a través de diversas situaciones muestra su amor y gracia. La clave es no enamorarse del milagro, sino del hacedor de milagros.
Y aún me conoces...
Nada está oculto a tu vista, donde quiera que vaya, tú me encuentras. Conoces cada detalle de mi vida, eres Dios y no te pierdes nada.