Me da hasta pena pensar que se acabe la visita del Papa a España y que pronto volveremos al lodazal habitual: a los argumentarios de partido sin mayor reflexión que el pimpampum; a la inanidad del discurso público; a una dinámica orientada únicamente a que la clase política española siga sirviéndose de la polarización como forma de existir. Puedes ser creyente o no, personalmente pienso que lo que hemos vivido estos días no se explica simplemente por una cuestión de fe. Ha sido algo más: hemos tenido la oportunidad de ver cosas hermosas que no van solo de ideologías o de moral, sino de liturgias, de gente intentando que su país luzca hermoso, de buen rollo, de impresionarnos para bien. Qué cansancio volver a la normalidad. Pero queda un mensaje claro: la gente quiere consumir algo más que personas gritándose a todas horas y repitiendo consignas vacías. De hecho, esa vacuidad es lo que nos ha traído hasta aquí, hasta darnos cuenta de la fatiga que nos produce lo que nos dan a diario como algo normal.
Mientras medio mundo discute si creer sirve para algo, Barcelona acaba de inaugurar una torre de 172 metros construida precisamente porque alguien creyó. Gaudí apostó su vida a esa idea. Y hoy, cuando León XIV insiste en que el cristianismo no está para refugiarse del mundo sino para transformarlo, la Torre de Jesucristo emerge sobre el perfil de la ciudad como una provocación. Contra el cinismo. Contra la resignación. Contra la idea de que la fe es cosa del pasado. Quizá por eso produce tanta alegría verla ahí arriba: porque recuerda que hay sueños que sobreviven a quienes los sueñan.
#VisitaPapaRTVE | León XIV, sobre el perdón: "perdonar no significa dejar que alguien siga haciendo daño ni olvidar como si nada hubiera pasado. Significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón".
Mañana comenzará el Mundial, y muchos estarán atentos a los partidos. El fútbol nos recuerda algo que no debemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar el balón, aunque tenga talento, todavía no ha entendido el juego. Y quien no sabe vivir con los demás y para los demás, todavía no ha entendido la vida. #ViajeApostólico
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i’m obsessed with this hospital in barcelona because whoever built it understood that beauty is a form of medicine that can uplift the human spirit and support healing
Periodista le pregunta al papa que qué prefiere al Real Madrid o al Barça?
“Eso es fácil...el PAPA es para todos los equipos, pero Prevost es del REAL MADRID”.
Pizza Planet de Toy Story será una realidad gracias a @PapaJohns_ES ! 🚀🍕
Abrirán 4 pop-ups por tiempo limitado en diferentes ciudades, en las que te sentirás como dentro del Pizza Planet, podrás ganar premios y probar sus nuevas pizzas! 🫣
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Hospital.
21 : 40.
Urgencias llenas.
Gente tosiendo.
Televisión encendida sin que nadie la mire.
Y un abuelo sentado solo.
83 años.
Chaqueta puesta.
Bolsa con ropa.
Y una pulsera de ingreso desde hacía 11 horas.
La enfermera se acerca.
—¿Ha venido alguien con usted?
—Mi hijo.
—¿Dónde está?
El hombre sonríe raro.
De esos gestos que ya saben la respuesta antes de hacer la pregunta.
—Tenía cosas que hacer.
Cosas.
La palabra más peligrosa del mundo.
Porque “cosas” puede ser trabajar.
O puede ser irte a cenar mientras tu padre espera solo en un pasillo oliendo a desinfectante.
A las 23:15 le llevan un yogur y un sándwich.
No puede abrir el yogur.
Le tiemblan las manos.
La auxiliar se lo abre.
—Gracias, hija.
Hija.
A una desconocida.
Porque a veces quien más te cuida no comparte tu sangre.
Comparte turno.
Medianoche.
Llama el teléfono.
Altavoz.
El hijo.
—¿Ya le han mirado?
—Aún no.
—Uf… es que mañana madrugo.
Madrugo.
Como si el viejo hubiera pedido ponerse malo para fastidiarle la agenda.
La enfermera le pregunta:
—¿Va a venir luego?
Silencio.
Pequeño.
Cobarde.
—Si hace falta, sí.
Traducción:
“No quiero, pero quiero seguir pareciendo buena persona.”
El abuelo escucha todo.
Y baja la mirada.
Eso fue lo peor.
No lloró.
No se enfadó.
No montó un drama.
Solo puso esa cara que pone la gente cuando entiende que ya molesta más de lo que importa.
A las 2:07 de la madrugada, después de pruebas y pasillos, el médico sale.
—Se queda ingresado.
La enfermera mira al abuelo.
—¿Llamamos a alguien?
Él tarda unos segundos.
—No hace falta. Estarán cansados.
Estarán cansados.
Qué frase tan triste.
Personas que lo dieron todo por sus hijos…
pidiendo perdón por seguir existiendo cuando envejecen.
Y ahí está el problema.
No es meter a alguien en una residencia.
No es necesitar ayuda.
No es no poder llegar a todo.
El problema es abandonar emocionalmente a quien estuvo 20 años sin dormir bien para que tú crecieras.
El problema es tratar a tus padres como una notificación incómoda cuando dejan de ser útiles.
Resumen:
Muchos presumen de “salud mental”, “límites” y “amor propio”.
Pero luego dejan a su padre solo en urgencias porque “mañana madrugan”.
Y eso no es autocuidado.
Eso es ingratitud con palabras modernas encima.