Si algo hemos aprendido los médicos es que SATSE, CCOO, UGT y CSIF no van a defender ninguna mejora para los médicos.
Esta es la carta que dirigen a Ministerio y CCAA para evitar que tengamos una jornada de 35 h y turnos de máximo 12 h como el resto de profesionales.
Demencial.
🟢 El Estatuto Marco deja al descubierto a Sanidad y a los sindicatos que avalaron una norma contra los médicos
📌 SATSE-FSES, FSS-CCOO, UGT y CSIF firmaron un anteproyecto que ignoraba las reivindicaciones médicas. Ahora protestan cuando el Ministerio aplica el mismo método a los colectivos donde concentran su fuerza sindical.
📢 Sanidad ha preferido ocultar esa realidad bajo una norma común. Y los sindicatos firmantes han contribuido a ello, defendiendo una negociación conjunta que en la práctica impide al colectivo médico disponer de voz propia.
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JUAN CARLOS. El funcionario del SEPE expedientado por trabajar habla claro.
Le denunció un compañero de la oficina porque les ponía en un compromiso atendiendo a tantas personas. El ratio de los demás quedaba en ridículo.
Atendía a personas que llegaban sin cita porque los locutorios de pakistanís conseguían todas las citas con bots y luego no revendían todas, había días donde en un día llegaban 2 o 3 personas con cita y el resto de funcionarios no atendían a nadie. Juan Carlos atendía a cualquiera durante su jornada
https://t.co/ylhtmqvUzD
Llevamos desde oct/2025 en huelga...6 meses. Su respuesta ante el conflicto ha sido ignorar la interlocución con los médicos, apelar a la mentira, al desprestigio y proponer el traspaso de competencias médicas a otros perfiles para seguir parcheando el SNS. En España no faltan médicos. Faltan condiciones decentes para ejercer, faltan camas, faltan equipos y falta, sobre todo, que alguien con formación médica al frente del Ministerio sienta vergüenza por ello. Durante décadas, el cortoplacismo electoral ha ido dañandoel SNS y ahora parece que han pasado de parchear a destruirlo directamente. Cuántos meses más de huelga se necesitan para reconducir este conflicto?
Esta semana mi mujer se une de nuevo a la huelga de médicos. Cada vez con menos ganas y cada vez con menos esperanza de que la administración la atienda y entienda la importancia de la sanidad pública, que su defensa empieza por la defensa de los médicos y no acaba, ni debe acabar, con discursos floridos y vacíos de contenido.
Todos somos conscientes (y si no lo somos, caemos en un acto deplorable de escapismo) de que nuestro sistema de sanidad no pasa por su mejor momento y que va a empeorar mucho y muy rápidamente ante la reciente y descontrolada avalancha de población inmigrante propiciada por la voracidad electoral de un gobierno a la deriva.
Hablamos de agendas saturadas, profesionales exhaustos y pacientes en listas de espera cada vez más largas. Además, nuestros médicos (un colectivo de profesionales de quienes podemos sentirnos orgullosos a nivel internacional) están empezando a ser sustituidos por profesionales menos cualificados y dispuestos a aceptar condiciones laborales precarias e indignas.
La sanidad pública no se deteriora de un día para otro. Lo hace poco a poco, normalizando progresivamente lo inaceptable: consultas de cinco minutos, guardias inasumibles, fuga de talento y una creciente desafección de quienes sostienen el sistema desde dentro. Mi mujer irá de nuevo a la huelga pero, si no tuviéramos los sindicatos domesticados y apesebrados que tenemos, la huelga debía ser generalizada y paralizar el país por completo. A todos nosotros y a nuestros hijos nos va la salud y la vida en ello.