Pensé que era fuerte,
pensé que era frío,
que nada en mí
iba a quebrarse por dentro.
Y ahora lo entiendo:
no era dureza,
era simplemente
no haber sentido nunca algo así.
Hay pensamientos
que trato de esquivar como quien esquiva el frío
antes de que llegue la oscura noche.
No tienen forma clara,
ni siquiera una escena insinuada,
un gesto que no alcanzo a ver del todo...
Pero suficiente para que sea doloroso.
Y sonrío, a veces,
por fuera,
mientras por dentro aprendo
esa lección incómoda por dentro.
que el amor también es esto,
dejar que el otro exista
más allá de uno mismo,
aunque haya rincones
donde aún duela mirar.