No solo era eso lo que habΓa, los ojos rojos de la diosa, las hebras de cabello negro entre las albinas que asomaban, abrΓa una puerta de lo mΓ‘s extraΓ±a para ella.
ββ¦οΈΒΏDe casualidad conoces a tu madre?
La diosa pareciΓ³ quedar sorprendida al ver esos colmillos, como si lo que querΓa comprobar hubiera resultado cierto.
ββ¦οΈMe resulta difΓcil de creer, pero el parecido es preocupante.
Ella misma abriΓ³ la boca para mostrar sus propios colmillos a la contraria.