Rosi trabaja en casa y ya es parte de nuestra flia. Tiene a su hermano internado en Paraguay muy grave, le está enviando plata xq allá todo se cobra. No quiere ni que le regalen nada ni seguir endeudándose. Por eso pusimos cosas nuevas nuestras para hacer un sorteo y juntar algo.
Oportunidad laboral 📈📒
La Embajada de Suiza en Buenos Aires busca una/un candidata/o calificada/o para un puesto como Agregado Económico y Comercial a partir del 1° de julio de 2026. Hay tiempo para aplicar hasta el 18 de mayo.
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No se indignen por los perritos a los que les celebran su cumpleaños, por los que usan suéter o ropita, o por aquellos que reciben cariño de una forma que a algunos les parece “exagerada”.
Indígnense por los que pasan y pasaron toda su vida encadenados en una azotea, por los que sobreviven en las calles y todos los días son golpeados, pateados y maltratados solo por existir.
Ahí es donde debería estar la indignación. 🖤
Salí de Venezuela hace 7 años ya, porque me pusieron una pistola en la cabeza a plena luz del día. 19 años tenía. Iba caminando a la universidad.
Me costó entender que eso pasó básicamente porque no había consecuencias para los criminales reales, como suele ser en las dictaduras.
Me fui aterrada y sin ganas de volver. Estaba chica y me costaba separar lo que es el gobierno vs. lo que es la patria.
Afuera lo entendí. Y me dolió muchísimo darme cuenta que amaba mi país más que a nada y que el recelo venía de que nunca quise ser una exiliada. Qué sensación tan fea lo que es el despojo y más cuando ni siquiera has terminado de formar tu identidad.
Por fortuna y bendición, migré a un país que amé profundamente desde el momento en que llegué. Me acogió, me permitió crecer, lo hice mi casa y lo sigo amando. Amo su cultura, sus costumbres y sobre todo a su gente.
Pude crecer, recorrer distintas tierras, sanar y ser feliz en ese proceso. País que visito, país del que me recorro al menos tres ciudades como queriendo entender cómo funciona desde adentro. Me voló la cabeza conocer formas de pensar tan diferentes e interesantes. Ese intercambio constante me recordaba lo que somos en Venezuela y lo que no. Nos empecé a recordar con cariño y con nostalgia.
Ya cuando sané y quise volver de visita, era demasiado tarde.
Para bien o para mal, tengo nacionalidad española y venezolana. La española me permitió moverme libremente por el globo, con la excepción de que si llegaba a pisar venezuela no podía salir.
Podía visitar cualquier país, excepto el mío. Y si lo visitaba, no podía salir, a no ser que tuviera ese pasaporte venezolano que me era imposible de conseguir por distintos motivos claramente relacionados a la dictadura.
Cuento esto como un marco para decir que la intervención de hoy, de este 3 de Enero de 2026, no la celebro a la ligera. Cuando crecí no soñaba con que USA bombardeara a mi país, te lo juro.
Pero tampoco nadie te prepara para lo que es ver a una tanqueta militar aplastando los huesos de estudiantes que solo exigían derechos humanos, poder comprar comida o tener libertad.
Nadie te prepara para estar semanas sin electricidad en un país que es ridículamente rico. Nadie te prepara para lo que es llegar con una emergencia a un hospital y ver cómo se te muere un familiar en los brazos porque no hay insumos. Nadie te prepara para lo que es tener amigos presos en el centro de tortura más grande del continente, y que ese centro de tortura casualmente esté en tu país.
Una dictadura es una dictadura. Y las salidas pacificas son una utopía.
Lo intentamos todo: votar, alzar la voz, pedir ayuda, protestar, irnos, quedarnos y hasta morir por nuestra tierra.
Nada funcionó. Y la represión no solo siguió sino que tomó fuerzas. En algún punto se sintió invencible (en psicología le decimos “Indefensión aprendida”). Por eso estamos tan contentos hoy. No creemos que lo que vengan sean rosas, pero sí nos devuelve algo de esperanzas.
No tienen que venir a preocuparse por nuestro petróleo, sabemos que tenemos las reservas más grandes del planeta. Rusa y China también lo saben bien, porque nos lo han robado en las últimas dos décadas y ahí si no hemos visto a nadie diciendo nada.
Todavía nos queda mucho. Y seré cruda con esto: tampoco somos libres (aún). Pero por primera vez en 26 años está ocurriendo algo histórico en nuestro país.
Si no eres venezolano, déjanos celebrar un poquito esta sensación de alivio y de esperanza que habíamos perdido.
Si eres venezolano y estás en Venezuela, por favor cuídate mucho. Nos necesitamos a todos a salvo.
Si eres venezolano y estás fuera, te entiendo. Te abrazo fuerte y te pido nos eduquemos sobre lo que pasa para explicarlo bien. Hará falta darle visibilidad a esto para que no se tergiverse nuestra historia.
Ya la historia no es solo el pasado, sino lo que está ocurriendo hoy. Y por eso cuento la mía.
Cada vez que yo aterrizaba en Buenos Aires, él aparecía. Un perro callejero y dorado al que todos empezaron a llamar 'Rubio'.
Se sentaba afuera del hotel (Hilton), movía la cola al verme y me acompañaba un rato.
Yo le daba comida y cariño, pero siempre tenía que volver a Alemania.
Cuando me iba, desaparecía.
Cuando regresaba semanas o meses después, ahí estaba otra vez, como si supiera mis horarios.
Un día intenté ayudarlo llevándolo a un hogar temporal, pero se escapó.
Caminó kilómetros hasta el hotel para esperar afuera, mirándome como antes.
Fue ahí cuando entendí que él me había elegido.
Inicié los trámites y después de mucho papeleo, finalmente viajamos juntos.
Hoy Rubio vive conmigo en Alemania, se lleva bien con mis otros perros y disfruta de sus días entre juegos, camas suaves y paseos tranquilos.
A sus 13 años, sigue siendo feliz.
—Olivia Sievers, azafata alemana, sobre cómo Rubio llegó a cambiar su vida.
La primera imágen es de Rubio en situación de calle en 2016 , zona Puerto Madero (Laguna de los Coipos)