Se hizo una convocatoria pública para que todos los trombonistas de Nueva York llevaran su instrumento y despidieran a Willie Colón hoy, a la salida de su féretro de la Catedral de San Patricio, donde se celebró una misa en su honor. Mira el resultado:
@Famisanar y su prestador Ramédicas no están entregando el medicamento Rivaroxabán a pacientes anticoagulados. Solo dan formato de “pendientes” y no informan fecha de entrega. Por ley debe garantizarse entrega oportuna y a domicilio. La atención es pésima. @Supersalud
¿Dónde está Víctor Hugo Quero Navas?
Ella es Carmen Teresa Navas, tiene 81 años.
Desde hace 14 meses no sabe dónde está su hijo, Víctor Hugo Quero Navas, ni cuál es su estado de salud.
Hoy recorre centros de detención y habla con presos políticos recién liberados para preguntarles si lo han visto. Para al menos saber en qué centro de tortura podría estar.
Ha acudido una y otra vez a distintas instituciones del Estado buscando respuestas. No le han dado ninguna.
El último dato que recibió fue que podría estar en Rodeo I (estado Miranda).
No ha podido confirmarlo.
Nadie le permite verificar su paradero.
14 meses de silencio.
14 meses de angustia.
Video: @maryorin_m
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Vamos paso a paso. El dado ha sido crucial. Ese régimen está liquidado. Lo que vemos hoy no es supervivencia: son los estertores de la muerte.
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Se mueven no porque puedan sostenerse, sino porque el miedo los obliga. El presidente Trump cumplió su cometido: enfrentar al narcotráfico y detener amenazas terroristas. La mafia fue descabezada. Eso es lo esencial.
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Los efectos tácticos no pueden eclipsar la verdad estratégica. Los “accesorios” de la tiranía no tienen patas cortas: no tienen extremidades para caminar siquiera un trecho.
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¿Cómo sostener un poder sin credibilidad interna? Diosdado, Padrino y otros temen ser traicionados en cualquier momento. No hay cohesión, solo desconfianza.
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No pasarán de ser piezas sacrificables en una jugada maquiavélica rumbo al jaque mate. No tienen peones, ni rey, ni reina. Aunque se vista de seda…
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¿Quién salió a defender al dictador depuesto? ¿Dónde estaban sus “leales” generales? ¿Por qué no se desplegaron las milicias? ¿Y el silencio sepulcral de rusos, iraníes y castristas?
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Hoy debemos reiterar un concepto clave: paciencia estratégica. No es inacción, es avanzar con firmeza hacia nuestro objetivo supremo: liberar plenamente a Venezuela.
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Lo inevitable ocurrirá. “Saldrá el sol, aunque nos parezca larga la noche”. María Corina Machado y Edmundo González están vivos y libres. Tienen legitimidad, fuerza moral y respaldo nacional e internacional.
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El más indignado hoy es el espíritu del Libertador Simón Bolívar, profanado una y otra vez con citas indecorosas. No permitamos que nos arrebaten el trofeo bien ganado, ni la esperanza, ni la fe.
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Es un hecho: el dictador está fuera del poder usurpado. No olvidemos lo que hemos logrado, cuando todo parecía imposible.
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La transición legítima tiene nombre y apellido: Edmundo González. Su heredad democrática debe ser protegida de la expoliación.
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Cuando esa transición convoque elecciones libres, María Corina Machado las ganará con resultados inéditos. Vendrá una Venezuela con escuelas y sin cárceles.
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Con progreso y sin pobreza. Con desarrollo económico y social. Lejos del atraso, cerca del futuro.
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Por eso estamos obligados a no perder el foco. A mantener cohesión y auténtica unidad alrededor del liderazgo de María Corina y Edmundo González.
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¿O acaso alguien dijo que esta epopeya sería fácil?
— Antonio Ledezma
📅 4 de enero de 2026
Como muchas personas, mi corazón está a la izquierda. Siempre he votado por alguna variación de ella. Mi forma de entender el mundo tiene raíces profundas tanto en el marxismo como en sus críticas desde la misma izquierda, de Camus a Orwell. Pero descubro que lo que me separa de la izquierda oficial —o al menos de su versión tuitera— es precisamente el corazón.
Porque soy de izquierda, mi primer impulso ante la caída de Maduro es una alegría visceral. No por quien la provocó —Trump no despierta en mí ninguna simpatía— sino por los millones de venezolanos que llevan años huyendo de una parodia grotesca del socialismo. Por las madres que no han visto crecer a sus hijos. Por los profesionales manejando Uber en Santiago. Por los que murieron cruzando el Darién.
La izquierda que conozco en Twitter piensa al revés: primero el antiimperialismo, después la soberanía, luego la no injerencia, y al final —si queda espacio— los venezolanos. Como si el principio de no intervención pesara más que los cuerpos torturados en El Helicoide. Como si los derechos humanos del tirano importaran más que los de sus víctimas.
Este reflejo automático se repite en cada crisis. En Cuba, la corrupción dinástica de los Castro siempre pesa menos que el embargo. Cuando las iraníes se quitan el velo y enfrentan a los mulás, la izquierda busca primero denunciar a la CIA. Cuando quemaron el metro en Santiago, había que entender la rabia antes que lamentar a la cajera que no pudo llegar a su trabajo. No importa que los mulás ejecuten homosexuales, que los muyahidines lapiden mujeres, que los Castro encarcelen poetas: si están contra Estados Unidos, merecen comprensión.
Entiendo el razonamiento. Conozco la historia de las intervenciones, los golpes de Estado, la Escuela de las Américas. Sé que Estados Unidos no regala nada y que Trump es un personaje siniestro. Pero lo que no puedo entender es la ausencia de emoción humana elemental. Esa frialdad doctrinaria que no se conmueve ante los videos de venezolanos llorando de alegría en las calles de Caracas. Que no siente nada ante las iraníes cortándose el pelo en señal de rebelión. Que siempre tiene un "pero" listo antes que un abrazo.
Preferiría, por supuesto, que los venezolanos hubieran derrocado solos a su tirano. Pero sé —porque la historia lo enseña— que pocas dictaduras caen sin alguna forma de presión internacional. La chilena no lo hizo. La argentina tampoco. La española menos. Y de todas las salidas posibles después del fraude brutal de julio, esta es de las menos sangrientas.
Hoy los venezolanos celebran. Las calles de Caracas se llenan de una esperanza que creíamos muerta. Y yo, que sigo siendo de izquierda precisamente porque creo en la dignidad humana antes que en las abstracciones geopolíticas, celebro con ellos.
Mañana habrá tiempo para analizar, criticar, contextualizar. Hoy, solo hoy, déjenme sentir esta alegría sin pedir permiso al manual del buen antiimperialista. Déjenme poner el corazón donde siempre debió estar la izquierda: del lado de la gente, no de los mapas.
A la jueza @mariafiuni la torturaron tanto que casi muere en su celda si no hubiese sido por una reclusa que avisó que estaba amarilla, sangrando mucho y que no se movía. Le reconstruyeron su vagina, ano y vejiga. Le extrajeron el útero, porque aquellas lesiones acabaron en necrosis. Su citología y mamografía fueron en presencia de custodios hombres. Hasta en el quirófano hubo custodios. Los traslados a sus chequeos luego de la histerectomía fueron a bordo de un vehículo Tiuna, sentada, esposada y en uno de esos traslados, se le soltaron los puntos de media herida… La medida de arresto domiciliario de Afiuni no fue por “problemas de salud”, sino porque casi la matan y su cuerpo era la evidencia.
No podemos olvidarlo jamás (escribe perfectamente bien @kaoru_yonekura): todo cuanto se puede hacer para acabar con una mujer, se lo hicieron a María Lourdes. En sus torturas participaron reclusas que negociaron su libertad a cambio de escoñetar a la jueza, las reclusas “machitos” que le tenían rabia, custodios y empleados del Ministerio de Interior y Justicia porque alguien los mandó, todos con anuencia y complicidad de la entonces directora del penal Isabel Cristina González. Todos amparados por el ensañamiento presidencial, hasta los disparos hacia su edificio en 2012, delante de la GNB que vigilaba las 24 horas del día.
Hoy, Afiuni es la evidencia de cómo se impusieron los regímenes de Hugo Chávez y Nicolás Maduro con la toma del Poder Judicial. De ambos por igual, así ahora los @marypilih intenten ocultarlo. Porque todo comenzó con Chávez. Todo.
https://t.co/UrjYWjPNVS
Si José Gregorio curaba, ¿por qué Venezuela deja morir?
Luis Carlos Díaz
Mientras Venezuela celebra la santificación de José Gregorio Hernández —el médico de los pobres, el hombre que encarnó la compasión y la dignidad humana en tiempos de carencia—, el país volverá a mirar hacia su fe y hacia su historia. Hacia lo que queda en épocas terribles. Pero la verdadera lección de la santidad de José Gregorio no está solo en los altares, sino en la urgencia de practicar el bien que predicó: aliviar el sufrimiento, cuidar la vida y poner la humanidad por encima del poder. Su enseñanza interpela hoy directamente al Estado venezolano, que mantiene en prisión a hombres y mujeres enfermos, sometidos a tratos crueles, negándoles atención médica y violando de manera abierta los principios más elementales del derecho y de la moral.
Liberar a los presos políticos enfermos no es un gesto de clemencia ni una concesión política: es una obligación ética y humanitaria.Tampoco puede servir para el mercadeo político de actores que el poder necesita posicionar como opositores. La privación de libertad nunca puede convertirse en una condena a muerte lenta ni en un instrumento de tortura, como lo es en Venezuela. Cada día que pasan sin atención médica adecuada, sin medicinas ni diagnósticos, son días arrebatados deliberadamente a sus vidas. Los tratados internacionales, las normas del derecho internacional humanitario y las propias leyes venezolanas lo prohíben; pero más allá de la letra jurídica, está el imperativo moral de no permitir que la enfermedad y el dolor se conviertan en castigo. Cuando escuchamos el relato de los presos y sus familiares, descubrimos la cara del horror que no puede ser lavado con golpes de pecho ni comparsas en el Vaticano.
En un país donde la salud pública se derrumba y los hospitales sobreviven gracias a la fe más que a los recursos, el ejemplo de José Gregorio Hernández debería recordarnos que curar y proteger la vida es el acto más alto de justicia. Si de verdad se quiere honrar su legado, no basta con misas ni procesiones: hay que mirar a los que hoy languidecen en celdas, sin medicinas y con la esperanza adolorida.
La santidad, en el fondo, no se mide por los milagros atribuidos, sino por la capacidad de hacer el bien cuando más difícil parece. Liberar a los presos políticos enfermos sería el verdadero milagro que Venezuela necesita hoy: el milagro de la compasión, de la justicia y de la reconciliación con la vida.
En las celdas venezolanas, sin medicinas ni atención, van muriendo personas con enfermedades graves. Detallemos algunas identificadas por las ONG Justicia Encuentro y Perdón, junto a Justicia y Proceso Venezuela:
· Hay al menos 8 casos de cáncer en estado avanzado con diagnósticos de adenocarcinoma de próstata, cáncer pulmonar microcítico, linfoma no hodgkin, sarcoma epitelioide, tumores pancreáticos y cerebrales. Algunos casos terminales siguen esposados a una camilla sin el beneficio de volver a su casa.
· También se han identificado más de 20 presos con enfermedades cardíacas como síndromes coronarios agudos, insuficiencia cardíaca congestiva, arritmias severas, hipertensión crónica y cardiopatías hipertensivas. En algunos casos los pacientes necesitan marcapasos y se les niega.
· Se suman los que sufren insuficiencias renales como nefropatías diabéticas, insuficiencia renal crónica, litiasis bilateral y prostatitis aguda o crónica. Algunos presentan daño renal irreversible o infecciones urinarias persistentes. Hemos hablado con familiares de presos que no saben qué hacer cuando sus familiares necesitan sondas urinarias pero no se las reciben en la cárcel.
· Hay al menos 10 casos asociados a temas neurológicos, como los que han sufrido accidentes cerebrovasculares (ACV), hemiplejías, sufren de epilepsia, tienen hidrocefalia con una válvula derivativa, muestran síntomas de Alzheimer y otro caso que además muestra condiciones del espectro autista o Asperger.
· Entre las enfermedades respiratorias, se han diagnosticado casos de fibrosis pulmonar, tuberculosis activa, asma bronquial crónica y obstrucción respiratoria severa. A los pacientes se les niega tratamiento y los focos de enfermedades contagiosas pueden agravar la situación de otros presos.
· Otros familiares han reportado que sus personas encarceladas tienen enfermedades como lupus eritematoso sistémico, artritis reumatoidea, fibromialgia crónica y espondilitis anquilosante. Estos son los casos graves que muestran sufrimiento persistente y falta de tratamiento especializado.
· Y es imposible cerrar la lista sin nombrar los trastornos psiquiátricos que han sido documentados: Muchas personas en las prisiones políticas del chavismo reportan síndromes depresivos graves, ansiedad generalizada, trastornos de pánico y riesgo suicida.
Muchos de ellos llevan años esperando una revisión médica que nunca llega, una audiencia que se retrasa indefinidamente en tribunales o una simple mirada de humanidad. Cada uno de esos cuerpos enfermos es una prueba viva —y doliente— de cómo la crueldad institucional se disfraza de revolución.
Hay mujeres que deberían estar en hospitales y no en prisiones. Yosida Vanegas, de unos setenta años de edad, fue detenida cuando regresó al país para preguntar por su hijo preso. Pasó más de un mes desaparecida, sin contacto con su familia. Hoy está recluida en el INOF, con hipertensión, demencia incipiente y dolores que apenas puede explicar. Es una mujer mayor, enferma, sin fuerzas, que nunca debió estar entre rejas. Su única “culpa” fue ser madre y querer velar por su hijo.
Emirlendris Benítez fue arrestada en 2018, torturada hasta el punto de perder un embarazo, y quedó con secuelas irreversibles. Hoy día usa una silla de ruedas, sufre fibromialgia crónica, tiene el cuerpo lleno de dolor y sigue condenada a 30 años de prisión. La ONU y Amnistía Internacional han pedido su liberación, pero el Estado prefiere hacer silencio. Su caso resume lo que pasa cuando la violencia se vuelve política de Estado y la crueldad se normaliza. En Venezuela no se ha despenalizado el aborto, pero se procura en las sesiones de tortura, porque no es el único caso.
Y también está Juan Nahir Zambrano, un joven en el espectro autista, con la mente y la sensibilidad de un niño de 12 años. Está preso desde el año 2022 en una cárcel de alta peligrosidad. Vive en un entorno que no comprende, sin asistencia adecuada, con mucho miedo y aislamiento. Su detención es una herida abierta en la conciencia de un país que se dice creyente, pero que encierra a un muchacho con discapacidad como si fuera un enemigo.
Estos tres nombres, y los decenas más que aparecen en los listados de presos políticos, nos obligan a hablar con claridad: mantenerlos presos es una forma de tortura contra todo un país. Cada día sin tratamiento, sin medicinas, sin esperanza, es una condena a muerte lenta. Por razones humanitarias, por principios morales y por simple decencia, deben ser liberados de inmediato.
En vísperas de la santificación de José Gregorio Hernández —el médico de los pobres, símbolo de compasión y sanación—, el país debería preguntarse si su fe se demuestra en los templos o en los actos de justicia. No hay milagro más urgente que el de liberar a los enfermos, cuidar a los vulnerables y devolver la dignidad a quienes sufren injustamente.
#ATENCIÓN | Fundación Juntos Se Puede revela que aumentaría en 40% la migración venezolana en Bogotá de no haber cambio en las Elecciones del 28 de Julio.
#JuntosSePuede
Recuerden que Alex Saab posee una fortuna calculada en unos 1.000 millones de dólares. Esta fortuna fue amasada con el hambre de los venezolanos.
Que conste en actas.
#ConLosRefugiados | Brindar nuevas oportunidades para reconstruir la vida de los refugiados es construir un futuro inclusivo y solidario.
Abrazarnos sin distinciones por nacionalidad, raza, color o sexo es el mensaje de @ElGuilleGarcia hoy día de los refugiados.
#JuntosSePuede
La imposición del silencio social a fuerza de persecución es inadmisible:
Ysnet Rodríguez, de Mérida 🥕
Jhonar Barazarte, de Trujillo 🍅
Son dos productores que protestaron por perder sus cosechas por falta de combustible y ahora son acusados de boicot
#NoEstáBien#NoEsNormal
Un país no es un cuartel 🥕
La gente tiene el derecho a protestar por sus pésimas condiciones de vida y de trabajo.
Este régimen quebró a Pdvsa y no distribuye suficiente gasolina para que los productores agrícolas puedan movilizar y vender sus cosechas: la culpa es del régimen
Ayudemos al agricultor Ysnet Rodríguez 🥕
- Perdió su cosecha por la escasez de combustible, es decir, por culpa del Estado
- Y por denunciar esa circunstancia en redes sociales, el Estado lo judicializa acusándolo de boicot
#PuebloLlano#DerechosHumanos
Si la desnutrición infantil es preocupante, solo imaginen la de las personas mayores, son ellos los sacrificados en todo hogar pobre cuando a alguien tienen o que reducirle la porción o simplemente quitarle el plato
AMLO revictimizó a las víctimas mintiendo:
- No era un albergue, era una cárcel migratoria
- Estaban encerrados, ergo, no podían escapar del fuego
- Protestaron porque tenían frío
- Estaban bajo resguardo del Estado
- El jefe de Migración antes era jefe de los penales federales
1. Este año el Instituto para la Investigación Social de Frankfurt (IfS), sede de la llamada “Escuela de Frankfurt” (EF), cumple 100 años y prometí hacer hilos al respecto. Acá, el primero de ellos.
#Sociología