No puedes controlar lo que otros dicen, hacen o piensan de ti.
Pero sí puedes decidir cuánto espacio ocuparán esas cosas en tu cabeza.
A veces, la verdadera fortaleza consiste en no responder.
No porque todo le parezca bien, sino porque finalmente entiende que gastar energía intentando cambiar a los demás también es una forma de olvidarse de uno mismo.