La romantización de la “salud mental” en redes nos está vendiendo la idea de que sanar es café en tazas lindas y escribir en un diario, cuando la realidad es que sanar de verdad es un proceso incómodo, crudo y solitario donde te toca enfrentarte a tu propia mente sin adornos.
No estoy enojada; es solo que la vida me está golpeando duro, y me siento herida. He llegado a ese punto extraño donde nada parece importar, como si todo lo que antes dolía o importaba hubiera perdido fuerza de tanto insistir. Al final, solo soy yo intentando protegerme.