Le premier bénéfice qu'on retire d'une origine populaire est de n'avoir aucun respect pour le peuple : le second, de n'avoir aucune peur de la gauche ; le troisième, de n'avoir aucune fascination pour la racaille.
— Michel Houellebecq
Yo quiero un país de ricos. Muchos, cuantos más mejor. Yo no quiero un país de tiesos. Ni de funcionarios. Ni de tristes. Yo quiero muchos Amancios Ortega y muchos Roig. Que la gente monte empresas, que ganen dinero y que vivan de puta madre. Y que la gente entre en el Carrefour y compre Mejillones Albo, y Solán de Cabras. Y Danones de verdad. Yo quiero que dejen de fabricar marcas blancas porque todo el mundo pueda pagar la original. s. Y que la gente tenga casas buenas, con sus baños grandes con su bidé como Dios manda. Y que llegue Junio y digan “este año me quedo en Guarromán y no me voy a las Maldivas pero porque no me da la gana”. Y que tenga que cerrar Doña Manolita porque a la gente ya no le haga ilusión que le toque la lotería. Ese es el país que yo quiero, por eso no soy socialista.
"Ellos pasan y nosotros nos quedamos." La frase, pronunciada por mi compañera de Biología durante el recreo, encierra una verdad que se va agigantando al transcurrir de los años. Los profesores somos escenario y a la vez espectadores de la función. Los alumnos entran, actúan y se van, mientras nosotros permanecemos, como si estuviéramos "sub specie aeternitatis", bajo la mirada de la eternidad. Nuestra vida individual avanza, envejece; la de ellos, en cambio, se presenta siempre fresca, idéntica en su repetida novedad. Cada septiembre, el telón se alza para revelar rostros distintos que, misteriosamente, conservan la misma edad de los anteriores: la edad del comienzo, de la promesa, de la expectación y el miedo.
Ser profesor es habitar un tiempo doble. Por un lado, el tiempo lineal que nos arrastra hacia el desgaste: cumplimos años, acumulamos recuerdos y sentimos el peso, cada vez más agresivo, de las repeticiones. Por otro, el tiempo circular de nuestros alumnos, ese tiempo que no se agota, porque cada grupo reproduce, con variaciones infinitas, el rito de la juventud que insiste en preguntar y preguntarse, experimentar y experimentarse. Somos público de una función incesante, pero también parte del decorado que la hace posible. No somos protagonistas, pero sin nosotros no habría teatro.
Pero nuestra "eternidad" es prestada: no la garantiza nuestra biografía, sino la continuidad de la tarea encomendada y la conciencia de la alta responsabilidad que nos exige su cumplimiento. La escuela es un templo del retorno, un recordatorio de que lo humano se renueva más allá de cada individuo y avanza más allá de cada ciclo. Al final, los que "nos quedamos" no somos exactamente nosotros, sino la vocación que encarnamos y asumimos. Cada maestro es un eslabón en una cadena que nos trasciende. Quizá ahí resida el consuelo y el sentido: en saber que, mientras envejecemos, la vida —siempre joven— sigue llamando a nuestra puerta.
Da entre miedo, asco y vergüenza que tal personaje hable de este tipo de leyes en una rueda de ministros, ¡maldita ultraderecha! Ah no, que estos eran socialistos!
🔴 ÚLTIMA HORA | El Gobierno de Sánchez anuncia que impondrá la CENSURA en redes sociales obligando a los usuarios a rectificar "cuando publiquen noticias inexactas".
Es decir, pretenden imponer su verdad única, como ya hacen con los medios usando millones de nuestros impuestos.
Todo alrededor del Gobierno y del PSOE está podrido. Ni la lucha contra el cáncer respetan.
La directora del Centro contra el Cáncer se compró al contado dos casas en Galicia mientras denunciaban que cobraba sobresueldos https://t.co/OOOnpSxkn7 vía @eldebate_com