Poner límites, es hacerle saber a los demás lo que quieres en tu vida y lo que no, lo que estás dispuesto tolerar y lo que no. Es el trato que esperas recibir de una persona y de cualquier relación, en donde tu paz, tu tranquilidad emocional y tu felicidad no son negociables.
La incultura se cura leyendo y escuchando y abriendo la mente, la prepotencia encontrando la horma de tu zapato y la chulería con un baño de humildad. La ridiculez y mediocridad se curan difícilmente y la estupidez, de momento, no tiene cura.