Aún recuerdo uno de los momentos que cambiaron mi manera de pensar
Bajando del auto justo después de discutir con alguien importante me topé a un amigo con quien no intercambiaba muchas palabras en ese tiempo, vio mi cara, puso su mano en mi hombro y lo único que dijo fue…
Y la segunda, no importa cuánto tiempo conoces a una persona o si no hay confianza entre los dos, siempre da tu mano.
A la final le conté lo que pasó y hoy es uno de mis grandes amigos.
“no preguntaré qué pasó, solo te diré que todo va a estar bien”
Ese día aprendí dos cosas, la primera, no necesitas dar un sermón, solo con tu compañía basta. Nos acostumbramos a fingir que entendemos el problema de los demás y damos “soluciones” cuando no las pidieron