No necesito que estés aquí ahora, desde pequeño aprendí a reír, a estar solo, me alcanza con que estés en el mundo, no pido ni quiero nada de ti, si siempre he tenido nada, para qué querer todo?
U. Vidal II
E spero che tu stia bene ora, anche se non so dove sei, anche se tu non sai dove sono io, anche se probabilmente le nostre strade non si incroceranno mai più.
Penso a te in continuazione e mi chiedo se anche tu penserai mai a me, se il tempo si fermerà per un istante e un ricordo ti toccherà il cuore. In ogni caso, voglio che tu sappia che ti auguro tutto il meglio, un futuro meraviglioso.
Este mundo después de tu partida y la mía seguirá igual, porque no tuvimos el tesón para defender lo que la vida se había empeñado en juntar, dos torpes sentimentales perdidos en los diferentes husos horarios. U. Vidal II
Debíamos ser invencibles; pero las historias de amor siempre tienen exabruptos, debíamos ser interminables; pero los dioses no me tienen permitido ser feliz.
U. Vidal II
Uno debe saber moverse entre las frutas tropicales de la selva y la solitaria manzana sobre el escritorio en una aula, entre el llanto de tu partida y la sonrisa de aún estar vivo, se pasan los días amarillos, grises, sempiternos…
U. Vidal II
Dicen que ‘cuidar’ es el verbo más bello del diccionario, cuidarte entonces era el movimiento poético al cual aspiraba este poeta, que te perdió no sólo de vista, sino de propia vida.
U. Vidal II
Aprender a perderte
fue mi primera muerte.
Saber curar la herida
fue mi segunda vida.
Volver ayer a verte
teniéndote perdida,
¿fue mi segunda muerte o mi tercera vida?
Ojalá vinieras enfadada,
harta de esperarme,
y una vez aquí
golpearás la puerta a patadas,
mientras gritas:
“Cobarde, sal ahora mismo
y enfréntate
al amor de tu vida”.
En nuestro lenguaje secreto queríamos quedarnos o al menos eso me gusta pensar; pero después de tantas despedidas alguna tenía que ser real.
U. Vidal II
Si crees que me has perdido, estoy aquí, en el mismo lugar que me dejaste, anclado en el tiempo de esperarte, sedentario, intentando reconocer tu última sentencia, basta que me llames para ir a comer de tus manos las mentiras que callaste.
U. Vidal II