Mi círculo es pequeño, no porque me cueste relacionarme, sino porque aprendí que la confianza se construye con tiempo, hechos y coherencia. Prefiero rodearme de pocas personas auténticas, leales y sinceras que de muchas presencias que no aportan nada a mi vida.
Así como existen personas que nos desgastan y nos llenan de heridas, también existen personas que llegan a nuestra vida como medicina: su presencia calma, acompaña y, sin darse cuenta, ayuda a sanar el alma.
Llegas a una etapa de la vida en la que ya no te impresionan las palabras bonitas, sino la coherencia. Alguien que cumple lo que promete, que sostiene con hechos lo que dice y que te da paz resulta mucho más atractivo que quién solo sabe deslumbrarte por un momento.