Confirmo que no hay comparación posible entre salir campeón con tu club y ganar un mundial. Ninguna. A mí lo del domingo me partió al medio, lloro cada vez que lo pienso y querría revivir ese pitido del final para siempre.
En la mesa de esta Navidad faltará tu risa y tu abrazo, pero no tu esencia. Te llevamos en el corazón, porque el amor verdadero nunca se va. Feliz Navidad, donde quiera que estés.