Enríquez Negreira, vicepresidente del CTA en activo en aquel momento, se da un rulo por el Camp Nou junto al equipo arbitral de Andújar Oliver, minutos antes de un partido del Barça.
Según Fouto este sujeto sólo iba a Santander a forrarse a sardinas
Oye otros 8 minutos de descuento en el partido de hoy entre el @RCCelta y @Osasuna y nadie dice nada, nadie se queja de la “barbaridad” de tiempo descontado por el árbitro del @CTARFEF , al final es lo de siempre, meter 💩 con el Madrid, así son los medios
Ricardo Segura, exárbitro y citado como testigo en el caso #Negreira, fue contratado como asesor arbitral por el Barça en 2021, pocos meses después de que Hacienda informara al club sobre la investigación tributaria a Negreira.
Ricardo Segura cobra 20 veces menos que Negreira.
Es casi un axioma que Negreira y el Barça no formalizaron ningún contrato en las décadas en que el Vicepresidente del CTA facturó al club.
Entonces, ¿Por qué Negreira declaró en 2021 ante la AT haberle recriminado a Bartomeu un "incumplimiento de contrato"?
¿Había algo firmado?
Siete millones por influir: anatomía del caso Negreira
El Fútbol Club Barcelona ya no se defiende: se sienta.
Imputado como persona jurídica, deberá declarar ante el juez por haber pagado durante años a quien controlaba el arbitraje español. Lo que empezó como un escándalo deportivo ha terminado como una causa penal. El caso Negreira ya no es un debate: es una autopsia judicial.
El disfraz se acabó.
El Fútbol Club Barcelona está imputado.
No como víctima.
No como testigo.
Como persona jurídica acusada de corrupción deportiva.
El Juzgado de Instrucción nº 1 de Barcelona lo ha ordenado.
Y su representante, Elena Fort Cisneros, deberá declarar.
No como portavoz, sino como investigada, en nombre del club.
La causa ya no es ruido mediático.
Es proceso penal.
Y las diligencias hablan solas.
Durante casi veinte años, el Barça pagó al vicepresidente del Comité Técnico de Árbitros,
a José María Enríquez Negreira.
Más de siete millones de euros.
Sin contrato.
Sin informe.
Sin justificación.
Pagaban para influir.
No para aprender, sino para condicionar.
No para entender el arbitraje, sino para controlarlo.
No para garantizar neutralidad, sino para comprar poder.
Lo sabían Laporta, Rosell y Bartomeu.
Perrín lo reconoció: “ante las mafias, mejor callar y pagar”.
Freixa lo confirmó: todas las juntas mantuvieron los pagos.
Godall lo justificó: “la buena relación con la Federación nos ayudó”.
Y Gaspart, con su memoria selectiva, admitió sin querer:
“si hubo irregularidades, el presidente lo sabría”.
Claro que lo sabía.
Y ahora el juez quiere nombres y responsabilidades.
Ha citado a declarar como testigos a Joan Gaspart y Ricardo Segura García,
el delegado que conocía como nadie el funcionamiento interno del arbitraje.
Ambos tendrán que responder.
Y lo harán bajo juramento.
Si mienten, podrían salir imputados por falso testimonio.
La frontera entre testigo y acusado nunca fue tan delgada.
Después llegará Elena Fort Cisneros.
Ella no tiene obligación de responder.
Puede callar.
Puede acogerse a su derecho.
Tal vez prefiera callar.
O mentir.
Pero esta vez, ni callar ni mentir borrarán los hechos.
Porque el sumario ya habla.
Y lo hace con nombres, cifras y fechas.
La Fiscalía Anticorrupción lo dejó claro:
no hay contrato, ni informe, ni causa lícita.
Solo una finalidad: influir en las decisiones arbitrales.
El Barça no compraba neutralidad.
La neutralidad no se compra.
Compraba influencia.
Trato.
Protección.
Y cuando Negreira dejó de ser vicepresidente, los pagos se cortaron.
Ni un euro más.
Ni un informe más.
Fin del simulacro.
El delito de corrupción deportiva no exige un penalti amañado.
Basta con pagar para intentarlo.
Y eso está acreditado.
En las transferencias.
En los testimonios.
En las palabras de sus propios dirigentes.
El Barça no jugaba solo en el campo.
Jugaba también en los despachos.
Durante años.
Hasta que el dinero habló.
Ahora el club es imputado.
Y el caso Negreira tiene, por fin, voz judicial y nombre propio.
Pagaban por influir.
Y hoy, por influir, se sientan ante el juez.
Porque esta vez —por fin—
ni callar,
ni mentir,
ni pagar,
servirá.
“Corrupción en la Federación”: el Bernabéu no se calla
El fútbol español ya no necesita enemigos: se basta con sus gestores.
El Bernabéu habló.
Y tronó.
“Corrupción en la Federación.”
No una vez. Varias.
Miles de voces. Una sola idea.
La grada no se calla cuando cree que le roban la verdad.
Penalti a Vinícius.
De libro.
Lamine mete la pierna. No toca balón.
Vinícius va a rematar.
Penalti.
Hasta que el VAR lo cambia.
Una llamada. Una pantalla. Un susurro.
Y de penalti pasamos a falta en ataque.
De la justicia al disparate.
Luego gol de Mbappé.
Y el banderín.
Siempre en la misma dirección.
Fuera de juego, dicen.
Pero el balón venía de Fermín.
De un rival.
Eso limpia toda posición.
Lo sabe cualquiera.
Menos los que parecen vivir de fingir que no.
Dos jugadas. Dos decisiones.
Un mismo perjudicado.
Demasiada coincidencia.
El poder ya vive en la Federación.
Y el tufo se nota.
El órgano de control de los derechos audiovisuales,
aparentemente, repartiendo contratos a dedo
y saltándose su propia normativa.
El Real Madrid preguntó.
A Louzán.
Si sabía algo de esas adjudicaciones.
El presidente solo ha asistido a dos reuniones del órgano que debía presidir.
Dos.
¿Desinterés?
¿O cálculo?
Y entonces apareció Esther Queraltó.
Directora de Contrataciones.
Se cruzó en la respuesta.
Nerviosa.
Me lo cuentan desde dentro.
Horrorizados.
Dicen que tomó la palabra sin turno.
Que interrumpió al presidente.
Que dijo que era “inaudito y sorprendente”.
Que “ya era pasado”.
Y que remató con hielo en la voz:
“Me encantaría saber cuál es la intención del Real Madrid al plantear este tipo de cuestiones, porque alguna intención tiene que haber.”
Esa frase lo resume todo.
El poder que se irrita cuando se le pregunta.
El miedo que censura lo que no puede controlar.
En el campo, parece que no aplican bien el reglamento.
En los despachos, tampoco.
Ni el deportivo. Ni el de contratación.
Queraltó, espejo del poder que sobrevive,
aplicando el Manual Tebasiano.
Tebas censura imágenes.
Ella censura preguntas.
Discípula perfecta.
Porque cuando alguien se molesta por una pregunta,
es que hay algo que no puede explicar.
O algo que prefiere esconder.
“Corrupción en la Federación.”
El Bernabéu lo gritó.
Y aunque no estaba Queraltó para acallarlo,
estaba el Manual de Tebas.
Para omitirlo en la retransmisión.
El Real Madrid ganó.
2-1 en el campo.
Y también ganó en los despachos.
Porque la censura es la derrota con micrófono apagado.
Dopo 18 anni nel club, Lucas Vázquez ha lasciato il Real Madrid per andare al Bayer Leverkusen. A Madrid ha vinto tutto adattandosi a ogni ruolo per aiutare la squadra e il suo apporto non è stato dimenticato dai tifosi del Real, che gli hanno dedicato questo striscione contro la Juventus. Al Bernabeu resterà sempre di casa ❤️
#cronachedispogliatoio
Javier Tebas: el empleado que amenaza a sus jefes
Javier Tebas se ha pasado de frenada.
Otra vez.
Amenaza a los clubes.
Amenaza a los jugadores.
Amenaza, en definitiva, a quienes le pagan el sueldo.
Sí, el presidente de LaLiga.
Al que habría que recordarle que,
aunque se crea Caudillo,
no es más que un empleado. De los clubes.
Y de esos clubes viven también los futbolistas a los que ahora pretende intimidar.
Todo por una protesta de quince segundos.
Quince.
Un gesto simbólico. Respetuoso.
Pero él, Javier Tebas,
lo ha censurado de la peor manera.
Porque el ego no entiende de gestos.
Según informan los medios,
Tebas ha mandado una carta.
Dice que va a “cuantificar los daños” y “adoptar medidas legales”.
Daños.
¿De qué? ¿De un silencio? ¿De una pausa? ¿De un balón quieto?
Ridículo.
No hay daños. Hay soberbia.
Y miedo. Mucho miedo a perder el control.
Los futbolistas protestan porque no quieren que un partido de LaLiga se juegue en Miami.
Porque nadie les consultó.
Porque se enteraron por la prensa.
Porque vulnera el reglamento federativo.
Porque viola el Convenio Colectivo.
Porque adultera la competición.
Y porque están hartos del ordeno y mando de quien, siendo empleado, se cree el dueño.
Pero Tebas no entiende eso.
Confunde autoridad con poder.
Y gestión con imposición.
Y en esa confusión mental:
Se cree el dueño.
Se cree el jefe.
Y piensa que manda sobre todos.
El fútbol español no es suyo.
Ni lo será.
Los clubes no son filiales de su vanidad.
Los jugadores no son figurantes de su discurso.
Una liga se construye con respeto.
No con miedo.
Y se lidera escuchando, no censurando.
“Cuantificar los daños”, dice.
Debería empezar por los suyos.
Por los que causa él mismo.
A la imagen de LaLiga.
A la convivencia con los clubes.
A la relación con los futbolistas.
Y a los aficionados, a los que priva de sus partidos.
Cuando el presidente de una asociación amenaza a sus asociados, el problema no son ellos.
El problema es él.
Y cuando un empleado, como Javier Tebas,
amenaza a sus jefes,
los aficionados esperan algo:
la reprobación pública de todos los presidentes de los clubes.
Porque Tebas es eso:
un empleado que se cree caudillo.
Un dirigente que confunde la presidencia con la propiedad.
Un hombre incapaz de soportar quince segundos de protesta educada.
Y lo siguiente será mandar una carta a los aficionados.
Advirtiéndoles que va a evaluar los daños de los cánticos que llenaron las gradas en esos quince segundos:
“¡Tebas, vete ya!”
Cántico que, por supuesto, también intentó silenciar.
El daño no lo causaron los jugadores.
Ni los aficionados.
El daño lo causa él. Javier Tebas.
Con sus tuits.
Con sus amenazas.
Con sus imposiciones.
Con su miedo a perder su trono imaginario. Aunque de oro.
Y lo peor no es que amenace.
Es que ya nadie le toma en serio.
Pero nada de esto se terminará
hasta que sus jefes,
los presidentes de los clubes,
le pongan de patitas en la calle.
Y mientras eso ocurre,
que todos los estadios canten al unísono:
“¡Tebas, vete ya!”.
El Getafe se lleva palos de la prensa todas las semanas por su juego. Los rivales censuran su estilo y los líricos también.
Hasta ayer, claro, que curiosamente les dio a todos por empatizar con ellos.
Ya es casualidad.
Como ya hizo en la liga turca, después de una denuncia contra el estamento arbitral, FIFA está ya monitorizando el arbitraje en España. Cuidado, porque hay mucho en juego.