Hoy es más fácil ser ratero que empresario.
No pagan impuestos, tienen acceso a apoyos sociales (que el gobierno roba al empresario), disfrutan de lo que a otros les costó ganar y, al final del día, quedan libres.
¿De verdad estamos dispuestos a perder la libertad por una promesa de seguridad?
Cada día se hace más presente la tiranía del Estado, el abuso de poder de las autoridades y la irreverencia de la lógica del sector público.
Queremos libertad bajo nuestra propia responsabilidad.