En su larga entrevista concedida ayer al diario El Mundo, el señor Alberto Núñez Feijóo hizo una afirmación cuando menos reveladora de la ligereza que parece haberse instalado en el debate político español, donde las palabras han perdido su significado y cualquiera parece poder decir lo que le venga en gana. El señor Feijóo dijo, ni más ni menos, que, «aun sabiendo que falta información», sabemos que Marruecos está detrás de un «ataque híbrido».
Vaya pirueta argumentativa y lingüística. ¿Cómo puede una persona formular una acusación de semejante gravedad cuando, en la misma frase, reconoce que carece de toda la información necesaria para apuntalarla?
Se puede repetir mil veces que Marruecos lanzó una "guerra híbrida" contra España, pero repetir una acusación no la convierte en prueba. Los documentos desclasificados describen convocatorias organizadas en redes sociales, presión migratoria, unidades marroquíes desbordadas, una reacción que pudo ser insuficiente e incluso posibles episodios de pasividad. Lo que NO demuestran es el eslabón fundamental: que el Estado marroquí planificara, dirigiera o coordinara esas redes para atacar a España.
Que hubiera organización previa no demuestra autoría estatal. Que una fuerza fronteriza se viera desbordada tampoco demuestra que hubiera recibido órdenes de dejar pasar a nadie. Y una reacción tardía no equivale automáticamente a una operación deliberada.
Si se acusa a un Estado vecino de haber lanzado una "guerra híbrida", la carga de la prueba debe ser proporcional a la gravedad de la acusación. La pregunta, por tanto, sigue intacta: ¿dónde está la prueba concreta que conecta a los organizadores de las entradas con las autoridades marroquíes?