La izquierda tiene tanto éxito entre las personas más simples precisamente porque, en sus discursos, apela a los instintos más básicos del ser humano: el resentimiento, el miedo y la envidia. Señala a quienes han conseguido sus objetivos y presenta su éxito como algo injusto, ofreciendo así un consuelo fácil: que tú puedas sentirte cómodo con no haber conseguido nada en la vida.