Mi parte favorita de una relación es cuando empiezan a contarse anécdotas de la infancia. De pronto ya sabes por qué se quebró el tobillo, de dónde salió la cicatriz en la ceja y los chistes familiares. Ese nivel de confianza es simplemente hermoso.
No soy victima de nadie.
Muchos de mis sufrimientos son el resultado de mis malas elecciones, de mi apego emocional y de mi forma incondicional de confiar y amar.