De las lecciones que ofrece el reciente documental de Nadal, hay una sobre la que, a mi juicio, se pasa de puntillas. La cámara se detiene de forma lograda en los entrenamientos, la familia, los Grand Slam o en la influencia de su tío… Pero apenas ahonda en lo que ha sido quizá la clave de este gigante y la que ha forjado su leyenda. En esta tribuna de @diariosevilla propongo una lectura distinta
Querido pueblo de Tenerife:
Os saludo desde Ginebra. Os habla nuevamente Tedros.
Nuestro trabajo en Tenerife ha concluido. Y se llevó a cabo con gran honor.
El pasado lunes, estuve en el puerto de Granadilla de Abona y observé cómo los últimos pasajeros del MV Hondius subían a los vehículos que los llevarían a sus hogares. Vi al personal sanitario, equipado con la protección necesaria, actuar con serenidad y profesionalidad. Vi a las autoridades españolas coordinarse con una precisión impecable. Y vi y sentí vuestro apoyo y vuestra solidaridad.
Pensé entonces en la carta que os escribí hace apenas unos días, y en cómo todo lo que el Gobierno de España y la Organización Mundial de la Salud prometieron se cumplió, exactamente como se había planeado.
Más de 120 personas de 23 países desembarcaron de forma segura y ahora están siendo atendidas y supervisadas por profesionales de salud pública durante su traslado o ya en sus países de origen. Llegaron con miedo e incertidumbre y se marcharon llevando consigo algo que no esperaban encontrar en Tenerife: la dignidad de haber sido atendidos por personas desconocidas de vuestra comunidad y de todo el mundo que decidieron ayudar. La evaluación del riesgo se mantuvo. Los protocolos funcionaron. El corredor sanitario resistió. La ciencia y la solidaridad actuaron de forma coordinada, como deben hacerlo, como pueden hacerlo cuando confiamos unos en otros.
Pero no quiero que este momento sea recordado únicamente como un éxito logístico. Lo que ocurrió aquí, en Tenerife, fue algo más excepcional que la mera competencia profesional: fue coraje moral, la voluntad de toda una isla, de toda una nación, para decir: estos son seres humanos, y no vamos a darles la espalda.
El gobierno del presidente @sanchezcastejon honró sus obligaciones conforme al derecho internacional y fue más allá, con cercanía, rapidez y esmero. La ministra @Monica_Garcia_G, y los ministros Fernando Grande-Marlaska y @avtorresp lideraron con un gran sentido de compromiso. Las autoridades portuarias de Granadilla ejecutaron una operación compleja de manera impecable. Los equipos sanitarios que subieron a ese barco, los que estuvieron en los accesos del puerto, los que viajaron en esos vehículos: hicieron su trabajo no porque fuera fácil, sino porque era lo correcto.
Al capitán Jan Dobrogowski y a su tripulación de 26 miembros, aún a bordo del MV Hondius y navegando ahora hacia Países Bajos: mantuvisteis unidos a vuestros pasajeros durante semanas de duelo y confinamiento. La historia no lo olvidará.
A vosotros, el pueblo de Tenerife, que abristeis vuestra isla no con aplausos ni alardes, sino con una acogida tranquila y constante: quiero que sepáis lo que eso significa para el mundo. Puede que nunca lleguéis a conocer a los pasajeros y la tripulación que transitaron por vuestro puerto. Pero esas 150 personas y sus familias saben que, en algún lugar del Atlántico, hubo una comunidad isleña que dijo “sí”. Esa comunidad sois vosotros.
Vivimos en una época en la que es fácil cerrar puertas, replegarse hacia dentro, dejar que el miedo se convierta en hostilidad. Tenerife eligió un camino distinto. Habéis dejado una huella en la forma en que la humanidad responde a las crisis, y la OMS llevará ese ejemplo hacia el futuro.
Tres personas fallecieron a bordo del Hondius. Sus familias están de luto. El cierre de esta operación no borra ese dolor, ni quiero que lo haga. Detrás de cada respuesta de salud pública hay vidas reales, pérdidas reales y familias reales que cargarán con ello para siempre.
También supimos del fallecimiento de un miembro de la @guardiacivil de Tenerife, que falleció a causa de un infarto mientras prestaba servicio durante esta operación. Estaba aquí por deber y por compromiso con su comunidad. Quiero expresar mis más sentidas condolencias a su familia, a sus compañeros y a toda la Guardia Civil. Su entrega y vocación de servicio no serán olvidadas.
La mejor inmunidad que tenemos es la solidaridad. Tenerife lo ha demostrado, no como un eslogan, sino como una forma de trabajar y de vivir.
Permítanme compartir algo personal. El pasado lunes, antes de que partiera el último grupo de pasajeros, paseé solo por una parte de vuestra ciudad. La isla seguía su ritmo cotidiano, y descubrí en Tenerife una belleza auténtica: no solo en sus paisajes, sino, sobre todo, en su gente. La cercanía que sentí en algunas personas que me reconocieron, incluso en los encuentros más breves, me dejó huella.
Me hubiera gustado haber venido en otras circunstancias, quizá para una conferencia de la OMS, o mejor aún, simplemente con mi familia para descansar. Ese es un deseo que tengo la intención de cumplir. Espero volver a Tenerife como visitante, no para responder a una crisis, sino para descubrir la isla como se merece, con calma, sin prisa y acompañado de mi familia.
En nombre de la Organización Mundial de la Salud, en nombre de los pasajeros que ya están en sus hogares y en nombre de las familias de todo el mundo que miraron a esta isla con esperanza: gracias. Desde lo más profundo de mi corazón, gracias.
También quiero agradecer a mis colegas de la sede de la OMS en Ginebra y de nuestra Oficina Regional para Europa en Copenhague, que estuvieron conmigo en Tenerife, así como a quienes nos apoyaron incansablemente desde la distancia. Este ha sido un esfuerzo de equipo en todos los sentidos de la palabra.
Pero para nosotros, la labor aún no ha terminado hasta que todos los pasajeros y la tripulación salgan de la cuarentena y se reúnan con sus seres queridos.
Con profundo respeto, admiración y gratitud,
Tedros
@HomeServe_ES@ZurichSeguros@HomeServe_ES sigue sin dar respuesta ni comunicación alguna.
Qué servicio de mantenimiento se puede esperar de una empresa que no te responde, no se comunica salvo para intentar cobrar un recibo tras meses sin cumplir NADA de un contrato de mantenimiento?
@HomeServe_ES@ZurichSeguros@HomeServe_ES sigue sin dar respuesta ni comunicación alguna.
Qué servicio de mantenimiento se puede esperar de una empresa que no te responde, no se comunica salvo para intentar cobrar un recibo tras meses sin cumplir NADA de un contrato de mantenimiento?
@HomeServe_ES ROBO REINCIDENTE. Llevo solicitando servicio de mantenimiento de Aerotermia desde Enero. Múltiples llamadas. Cero respuesta.
He pagado por mi cuenta un técnico.
@HomeServe_ES ROBO REINCIDENTE. Llevo solicitando servicio de mantenimiento de Aerotermia desde Enero. Múltiples llamadas. Cero respuesta.
He pagado por mi cuenta un técnico.
@HomeServe_ES@HomeServe_ES contratado mantenimiento del que ha realizado exactamente ningún servicio. Pero cobro puntual del recibo desde hace más de un año.
@HomeServe_ES Si me cogen el teléfono dicen que apuntan la incidencia. He tenido que pagar por mi cuenta el mantenimiento. Primer comunicación suya: recibo devuelto. Respondo a su primer email, y dicen que llame por teléfono. RECOCHINEO
Speaking about the deep contradictions in human nature, Japanese actor Hiroyuki Sanada said:
“Some people dream of having a swimming pool at home, while those who have one barely use it. Those who have lost a loved one feel a profound sense of loss, while others often complain about the relatives still in their lives. Those without a partner long for one, while those who have a partner often fail to appreciate them. The hungry would give anything for a meal, while the full complain about the taste of their food. Those without a car dream of owning one, while those who have a car are always looking for a better one.
The key to happiness is gratitude—to truly see and value what we already have, and to understand that somewhere, someone would give everything for what we take for granted.”
Mi amiga trabaja en emergencias desde hace 10 años.
Empezó joven.
Nada la altera ya.
Ha visto de todo.
Accidentes graves.
Infartos masivos.
Personas inconscientes, sangrando, al límite.
Un día le pregunté
qué pacientes nunca se olvidan.
Se quedó callada.
Después dijo:
“No son los politraumatizados.
Ni los que llegan sin reaccionar.
A esos los atiendes.
Actúas.
Sigues.”
Los que se quedan contigo
son los que entran caminando.
Una mujer joven.
Tranquila.
Bien arreglada.
Dice:
“Solo me duele un poco el pecho.”
Un hombre que llegó solo.
No quiso llamar a nadie.
“No quiero molestar”, dijo.
Una mamá que pidió permiso
para mandar un audio rápido.
“Es solo para avisar”, dijo.
Todos repitieron la misma frase:
“Pensé que no era nada.”
Tenían planes.
Citas.
Pendientes.
Mensajes que mandar.
Personas que ver.
Algunos no salieron.
Mi amiga dice que eso es lo que más pesa.
No el caos.
No la sangre.
Sino la normalidad.
Personas comunes
en un día común
pensando que había tiempo.
Desde entonces, cada vez que minimizo algo,
me acuerdo de esto.
La vida no siempre avisa fuerte.
A veces susurra.
Si este texto te hizo detenerte un segundo,
no lo ignores.
Guárdalo.
Y escúchate más.
Lean esto. Es muy importante. Es el discurso de este 20.01.2026 en Davos del primer ministro canadiense @MarkJCarney. Esto irá a los libros de historia. Más allá de tener las referencias correctas y estar muy bien escrito, Carney tiene el valor y la lucidez de llamar de una vez a las cosas por su nombre.
Es un placer —y un deber— estar con ustedes en este punto de inflexión para Canadá y para el mundo.
Hoy hablaré de la ruptura del orden mundial, del fin de la grata ficción y del amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno.
Pero sostengo, aun así, que otros países —en particular las potencias medias como Canadá— no están indefensos. Tienen el poder de construir un nuevo orden que integre nuestros valores, como el respeto de los derechos humanos, el desarrollo sostenible, la solidaridad, la soberanía y la integridad territorial de los Estados.
El poder de los menos poderosos comienza con la honestidad.
Cada día se nos recuerda que vivimos en una era de rivalidad entre grandes potencias. Que el orden basado en normas se está desvaneciendo. Que los fuertes hacen lo que pueden, y los débiles sufren lo que deben.
Este aforismo de Tucídides se presenta como inevitable: la lógica natural de las relaciones internacionales reimponiéndose. Y, ante esa lógica, existe una fuerte tendencia de los países a adaptarse para encajar. A acomodarse. A evitar problemas. A esperar que el acatamiento compre seguridad.
No lo hará.
Entonces, ¿cuáles son nuestras opciones?
En 1978, el disidente checo Václav Havel escribió un ensayo titulado El poder de los sin poder. En él planteó una pregunta sencilla: ¿cómo se sostenía el sistema comunista?
Su respuesta empezaba con un verdulero. Cada mañana, este tendero coloca un letrero en su escaparate: “¡Proletarios de todos los países, uníos!”. No lo cree. Nadie lo cree. Pero lo coloca de todos modos: para evitar problemas, para señalar conformidad, para llevarse bien. Y como cada tendero en cada calle hace lo mismo, el sistema persiste.
No solo mediante la violencia, sino mediante la participación de la gente común en rituales que, en privado, sabe que son falsos.
Havel llamó a esto “vivir dentro de una mentira”. El poder del sistema no proviene de su verdad, sino de la disposición de todos a actuar como si fuera cierto. Y su fragilidad proviene de la misma fuente: cuando incluso una sola persona deja de actuar —cuando el verdulero quita su letrero— la ilusión empieza a resquebrajarse.
Ha llegado el momento de que las empresas y los países retiren sus letreros. Durante décadas, países como Canadá prosperaron bajo lo que llamamos el orden internacional basado en normas. Nos unimos a sus instituciones, alabamos sus principios y nos beneficiamos de su previsibilidad. Podíamos impulsar políticas exteriores basadas en valores bajo su protección.
Sabíamos que la historia del orden internacional basado en normas era parcialmente falsa. Que los más fuertes se eximirían cuando les conviniera. Que las reglas comerciales se aplicaban de manera asimétrica. Y que el derecho internacional se aplicaba con rigor variable según la identidad del acusado o de la víctima.
Esta ficción era útil, y la hegemonía estadounidense, en particular, ayudó a proveer bienes públicos: rutas marítimas abiertas, un sistema financiero estable, seguridad colectiva y apoyo a marcos para resolver disputas.
Así que pusimos el letrero en la ventana. Participamos en los rituales. Y, en gran medida, evitamos señalar las brechas entre la retórica y la realidad. Ese pacto ya no funciona. Permítanme ser directo: estamos en medio de una ruptura, no de una transición. En las dos últimas décadas, una serie de crisis —financiera, sanitaria, energética y geopolítica— dejó al descubierto los riesgos de una integración global extrema.
Más recientemente, las grandes potencias empezaron a usar la integración económica como arma. Aranceles como palanca. Infraestructura financiera como coerción. Cadenas de suministro como vulnerabilidades a explotar. No se puede “vivir dentro de la mentira” del beneficio mutuo mediante la integración cuando la integración se convierte en la fuente de tu subordinación. Las instituciones multilaterales en las que se apoyaban las potencias medias —la OMC, la ONU, las COP—, la arquitectura de la resolución colectiva de problemas, están muy debilitadas.
Como resultado, muchos países están llegando a las mismas conclusiones. Deben desarrollar mayor autonomía estratégica: en energía, alimentos, minerales críticos, finanzas y cadenas de suministro. Este impulso es comprensible. Un país que no puede alimentarse, abastecerse de energía o defenderse tiene pocas opciones. Cuando las normas ya no te protegen, debes protegerte tú. Pero seamos lúcidos sobre adónde conduce esto. Un mundo de fortalezas será más pobre, más frágil y menos sostenible.
Y hay otra verdad: si las grandes potencias abandonan incluso la pretensión de normas y valores para perseguir sin trabas su poder e intereses, los beneficios del “transaccionalismo” se vuelven más difíciles de replicar. Los hegemones no pueden monetizar continuamente sus relaciones. Los aliados diversificarán para cubrirse ante la incertidumbre. Comprarán seguros. Aumentarán opciones. Esto reconstruye la soberanía —una soberanía que antes estaba anclada en normas—, pero que estará cada vez más anclada en la capacidad de resistir la presión.
Esta gestión clásica del riesgo tiene un coste. Pero ese coste de la autonomía estratégica, de la soberanía, también puede compartirse. Las inversiones colectivas en resiliencia son más baratas que que cada uno construya su propia fortaleza. Los estándares compartidos reducen la fragmentación. Las complementariedades son de suma positiva.
La pregunta para las potencias medias, como Canadá, no es si debemos adaptarnos a esta nueva realidad. Debemos hacerlo. La pregunta es si nos adaptamos simplemente construyendo muros más altos —o si podemos hacer algo más ambicioso.
Canadá fue de los primeros en escuchar la llamada de atención, lo que nos llevó a cambiar de forma fundamental nuestra postura estratégica. Los canadienses saben que nuestra vieja y cómoda suposición de que nuestra geografía y nuestras membresías en alianzas conferían automáticamente prosperidad y seguridad ya no es válida.
Nuestro nuevo enfoque se basa en lo que Alexander Stubb ha denominado “realismo basado en valores” —o, dicho de otro modo, aspiramos a ser principistas y pragmáticos. Principistas en nuestro compromiso con valores fundamentales: la soberanía y la integridad territorial, la prohibición del uso de la fuerza salvo cuando sea coherente con la Carta de la ONU, el respeto de los derechos humanos. Pragmáticos al reconocer que el progreso suele ser incremental, que los intereses divergen, que no todos los socios comparten nuestros valores.
Nos estamos comprometiendo ampliamente, de forma estratégica, con los ojos abiertos. Afrontamos activamente el mundo tal como es, no esperamos al mundo tal como quisiéramos que fuera. Canadá está calibrando sus relaciones para que su profundidad refleje nuestros valores. Estamos priorizando un compromiso amplio para maximizar nuestra influencia, dada la fluidez del mundo, los riesgos que esto plantea y lo que está en juego de cara a lo que viene. Ya no dependemos solo de la fuerza de nuestros valores, sino también del valor de nuestra fuerza.
Estamos construyendo esa fuerza en casa. Desde que mi gobierno asumió el cargo, hemos recortado impuestos sobre ingresos, ganancias de capital e inversión empresarial; hemos eliminado todas las barreras federales al comercio interprovincial; y estamos acelerando un billón de dólares de inversión en energía, IA, minerales críticos, nuevos corredores comerciales y más allá. Estamos duplicando nuestro gasto en defensa para 2030, y lo hacemos de maneras que fortalezcan nuestras industrias nacionales.
Nos estamos diversificando rápidamente en el exterior. Hemos acordado una asociación estratégica integral con la Unión Europea, incluyendo la adhesión a SAFE, los mecanismos europeos de compra de defensa. Hemos firmado otros doce acuerdos comerciales y de seguridad en cuatro continentes en los últimos seis meses. En los últimos días, hemos concluido nuevas asociaciones estratégicas con China y Catar. Estamos negociando pactos de libre comercio con India, la ASEAN, Tailandia, Filipinas y Mercosur.
Para ayudar a resolver problemas globales, estamos impulsando una geometría variable: diferentes coaliciones para diferentes asuntos, basadas en valores e intereses. En Ucrania, somos miembro central de la Coalición de los Dispuestos y uno de los mayores contribuyentes per cápita a su defensa y seguridad. En soberanía ártica, nos mantenemos firmemente junto a Groenlandia y Dinamarca y apoyamos plenamente su derecho único a determinar el futuro de Groenlandia.
Nuestro compromiso con el Artículo 5 es inquebrantable. Trabajamos con nuestros aliados de la OTAN (incluyendo el Nordic Baltic 8) para asegurar aún más los flancos norte y oeste de la alianza, incluyendo inversiones sin precedentes en radar de alcance más allá del horizonte, submarinos, aeronaves y presencia terrestre.
En el comercio plurilateral, estamos impulsando esfuerzos para tender un puente entre el Acuerdo Transpacífico y la Unión Europea, creando un nuevo bloque comercial de 1.500 millones de personas. En minerales críticos, estamos formando clubes de compradores anclados en el G7 para que el mundo pueda diversificarse y alejarse de un suministro concentrado. En IA, cooperamos con democracias afines para garantizar que, en última instancia, no nos veamos obligados a elegir entre hegemones e hiperescaladores.
Esto no es multilateralismo ingenuo. Tampoco es depender de instituciones debilitadas. Es construir coaliciones que funcionen, asunto por asunto, con socios que comparten suficiente terreno común como para actuar juntos. En algunos casos, será la gran mayoría de las naciones. Y es crear una densa red de conexiones a través del comercio, la inversión y la cultura, de la que podamos valernos para desafíos y oportunidades futuras. Las potencias medias deben actuar juntas porque, si no estás en la mesa, estás en el menú. Las grandes potencias pueden permitirse ir solas. Tienen el tamaño de mercado, la capacidad militar, la palanca para dictar condiciones. Las potencias medias no.
Pero cuando solo negociamos bilateralmente con un hegemón, negociamos desde la debilidad. Aceptamos lo que se nos ofrece. Competimos entre nosotros por ser los más complacientes. Esto no es soberanía. Es la representación de la soberanía mientras se acepta la subordinación.
En un mundo de rivalidad entre grandes potencias, los países intermedios tienen una elección: competir entre sí por el favor o unirse para crear un tercer camino con impacto. No debemos permitir que el auge del poder duro nos ciegue ante el hecho de que el poder de la legitimidad, la integridad y las normas seguirá siendo fuerte —si elegimos ejercerlo juntos.
Lo cual me devuelve a Havel. ¿Qué significaría para las potencias medias “vivir en la verdad”?
Significa nombrar la realidad. Dejar de invocar el “orden internacional basado en normas” como si siguiera funcionando tal como se anuncia. Llamar al sistema por lo que es: un período en el que los más poderosos persiguen sus intereses usando la integración económica como un arma de coerción.
Significa actuar con coherencia. Aplicar los mismos estándares a aliados y rivales. Cuando las potencias medias critican la intimidación económica que viene de una dirección pero guardan silencio cuando viene de otra, estamos manteniendo el letrero en la ventana.
Significa construir aquello en lo que decimos creer. En lugar de esperar a que el hegemón restaure un orden que está desmantelando, crear instituciones y acuerdos que funcionen como se describen. Y significa reducir la palanca que permite la coerción.
Construir una economía doméstica fuerte debería ser siempre la prioridad de todo gobierno. Diversificar internacionalmente no es solo prudencia económica; es la base material para una política exterior honesta. Los países se ganan el derecho a posturas basadas en principios reduciendo su vulnerabilidad a represalias.
Canadá tiene lo que el mundo quiere. Somos una superpotencia energética. Poseemos vastas reservas de minerales críticos. Tenemos la población más educada del mundo. Nuestros fondos de pensiones están entre los mayores y más sofisticados inversores del planeta. Tenemos capital, talento y un gobierno con una enorme capacidad fiscal para actuar con decisión. Y tenemos los valores a los que muchos otros aspiran.
Canadá es una sociedad pluralista que funciona. Nuestro espacio público es ruidoso, diverso y libre. Los canadienses siguen comprometidos con la sostenibilidad. Somos un socio estable y fiable —en un mundo que no lo es—, un socio que construye y valora relaciones a largo plazo.
Canadá tiene algo más: el reconocimiento de lo que está ocurriendo y la determinación de actuar en consecuencia. Entendemos que esta ruptura exige más que adaptación. Exige honestidad sobre el mundo tal como es.
Estamos quitando el letrero de la ventana. El viejo orden no va a volver. No deberíamos lamentarlo. La nostalgia no es una estrategia. Pero, a partir de la fractura, podemos construir algo mejor, más fuerte y más justo. Esta es la tarea de las potencias medias, que son las que más tienen que perder en un mundo de fortalezas y las que más tienen que ganar en un mundo de cooperación genuina.
Los poderosos tienen su poder. Pero nosotros también tenemos algo: la capacidad de dejar de fingir, de nombrar la realidad, de construir nuestra fuerza en casa y de actuar juntos. Ese es el camino de Canadá. Lo elegimos abierta y confiadamente. Y es un camino ampliamente abierto a cualquier país dispuesto a recorrerlo con nosotros.
ADIÓS A TUS VACACIONES: POR QUÉ LOS REYES MAGOS NO SON NEGOCIABLES
Meloni defiende la Navidad cristiana con fervor identitario. Yo lo hago por algo más simple: las vacaciones
Porque imagina por un momento que hubiéramos tenido la mala suerte de ser protestantes.
Lutero clavó 95 tesis en Wittenberg en 1517. Entre ellas, ninguna defendía tus días libres de enero. Los protestantes eliminaron el culto a los santos. Y con ellos, muchas festividades.
España conservó la Epifanía por razones teológicas.
Los Reyes Magos son esenciales para el equilibrio de nuestro calendario festivo. El 6 de enero es el último bastión entre nosotros y volver al trabajo el 2 de enero. La diferencia entre alargar la sobremesa hasta el 7 o madrugar el lunes después de Año Nuevo con resaca y existencialismo.
Cada vez que alguien decide que Papá Noel se encargue de todos los regalos el 25, está erosionando los cimientos de nuestro descanso invernal.
Hoy Papá Noel se queda con todo el protagonismo. Mañana tu empresa se plantea: ¿para qué mantener festivo el 6 de enero?
Los países anglosajones vuelven al trabajo entre el 2 y el 3 de enero. Nosotros seguimos en pijama hasta el 7. Esa es nuestra ventaja competitiva.
Así que este 6 de enero, cuando veas la cabalgata, no pienses solo en magia. Piensa en tus días libres. En dormir hasta tarde. En no contestar emails.
Defendamos que Melchor, Gaspar y Baltasar mantengan su trabajo. Porque si ellos pierden el suyo, tú pierdes tus vacaciones.
Gracias, Reyes Magos. Gracias por nada, Lutero.
#LaTraumatologaGeek
Perdón, pero este es el mejor vídeo musical de 2025 y ha sido emitido el último día.
Un plano secuencia maravilloso. Leiva cantando en homenaje a Robe. Dirección de Fernando León de Aranoa. Ese micrófono vacío.
❤️
One of my favorite quotes is the one from Marcus Aurelius: ‘The happiness of your life depends upon the quality of your thoughts.’
I think it’s always good to remember it.