Gracias a una renaturalización del río Manzanares impulsada por el gobierno de Manuela Carmena a la que os opusisteis y votasteis en contra porque probablemente os parecía demasiado comunista.
Que algunos tenemos memoria.
Ni Dios, ni patria ni familia son conceptos fascistas. Los conceptos no tienen ideología. Lo que es fascista es apropiarse de esos conceptos y pretender que tu manera de entenderlos sea la única. Parece mentira que tenga que venir un puto cómico a explicar a Platón.
La equivalente a Antena3 en USA (bueno, en realidad sería una mezcla entre Antena 3 y EDATV) les pone a sus espectadores una tabla con los objetivos socialdemócratas, para asustarlos: asistencia sanitaria, educación y vivienda para todos, semana laboral de 32 horas, impuestos a los ricos, pacto ecológico y reconocimiento de Palestina.
Repito, con esto ATERRAN a sus espectadores. El nivel de enfermedad de esa población es inimaginable.
7.291: NO ES UN MUNDO PARA VIEJOS
Los protocolos de la vergüenza de Ayuso representaron una condena a muerte para los ancianos de las residencias sin seguro médico privado
El pasado miércoles 20 de mayo tuve el privilegio de presentar en el Centro Cultural Blas de Otero el cómic 7291, un trabajo de Raúl Cordero (guionista y editor) y Boris Ramírez Barba (dibujante) publicado por la editorial Maldragón. Nos acompañó Carmen Martín García, de la asociación 7.291. Verdad y Justicia. Fue un acto emotivo y necesario, pues sirvió para recordar a esos ancianos que murieron de forma indigna en las residencias de la Comunidad de Madrid por culpa de unos infames protocolos. Durante la epidemia del covid-19, un equipo de expertos elaboró un procedimiento inhumano para evitar que los residentes con discapacidad o deterioro cognitivo fueran trasladados a hospitales. Se excluyó de esta norma a los que disponían de un seguro médico privado. Evidentemente, esta medida no se adoptó sin el conocimiento de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid. Eso sí, no estampó su firma en ningún documento. Carlos Mur, director general de Coordinación Sociosanitaria, asumió ese papel. Eso explica que ahora sea uno de los cuatro imputados por denegación discriminatoria de asistencia sanitaria y prevaricación. Los otros tres son Francisco Javier Martínez Peromingo, médico geriatra y sucesor de Carlos Mur; Pablo Busca Ostolaza, exdirector general del Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (SUMMA 112) y Antonio Burgueño Torijano, médico y asesor externo contratado para el diseño del plan de contingencia y la medicalización de las residencias. Una medicalización nunca se llevó a cabo, supuestamente por falta de recursos. Peromingo fue el redactor y el principal arquitecto de los protocolos.
Aunque la responsabilidad última apunta de forma inequívoca a Díaz Ayuso, Almudena Lastra, Fiscal Superior de la Comunidad de Madrid, exculpó públicamente a la administración autonómica, asegurando que se habían realizado muchos traslados. Cierto. Los ancianos con seguro médico privado disfrutaron de un ingreso hospitalario porque sus pólizas cubrieron todos los gastos. El 65% de ese grupo de privilegiados se salvó. A partir de ese dato, la Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid, presidida por el magistrado emérito del Tribunal Supremo José Antonio Martín Pallín y compuesta por reconocidos especialistas en salud pública, epidemiología y derecho, llegó a la conclusión de que 4.739 personas habrían sobrevivido si hubieran recibido atención médica en un hospital.
Ayuso ha respondido con insultos a las exigencias de justicia y reparación de las familias de las víctimas, dedicándoles expresiones como “plataforma de frustrados”, “marea de rebotados” y “chiringuitos con políticos venidos a menos”. En un debate en la Asamblea de Madrid, soltó un exabrupto particularmente grosero: “Siempre nos están llevando por las mismas mierdas”. Nada nuevo bajo el sol. Ya sabíamos que Díaz Ayuso es una desalmada y que la justicia española funciona como un golpe de estado permanente contra la democracia.
7.291 es una cifra inexacta, pues según nos explicó Carmen Martín García el número real es muy superior. En algunas residencias, los cadáveres se apilaban en sótanos y pasillos. Las estimaciones de esta naturaleza siempre son imprecisas. En el genocidio perpetrado en Gaza por el gobierno de Netanyahu, se han contabilizado más de 70.000 víctimas, la mayoría mujeres y niños. Sin embargo, Francesca Albanese, Relatora especial de las Naciones Unidas sobre los territorios palestinos, ha aventurado que las víctimas podrían ascender a más de 500.000. No está de más recordar que Ayuso ha apoyado los crímenes de Israel, afirmando que solo han constituido “un acto de legítima defensa contra el terror”. Nunca sabremos el número real de víctimas de los protocolos de la vergüenza, pero gracias a un cómic como 7.291podemos ponernos en la piel de los ancianos abandonados en las residencias.
Cordero y Ramírez narra la tragedia desde la perspectiva de Rosa, Esther y Marta, tres auxiliares de geriatría en una residencia de la Comunidad de Madrid. Sensibles, humanas y comprometidas, soportan la doble presión de cuidar en sus centros de trabajo y en sus hogares. Casi todos los auxiliares son mujeres. Los avances contra el machismo no han logrado que los hombres abandonen su resistencia a realizar este tipo de actividades. Cuando estalla la pandemia, Rosa, Esther y Marta, lejos de recibir el apoyo de sus superiores, tienen que recurrir al ingenio y el coraje para protegerse y atender a los ancianos a su cargo. Al principio, el director de la residencia no les deja utilizar mascarillas con el pretexto de que es una medida innecesaria y alarmista, pero cuando los contagios se disparan, abandona su despacho y se desentiende del sufrimiento de los ancianos y sus cuidadoras. Es la misma actitud frívola y egoísta de Ayuso, que aparece brevemente, prometiendo la medicalización de las residencias, poco antes de comerse una paella en un restaurante. Cuando le preguntan si su promesa es realista, se encoge de hombros y contesta que se ha limitado a decir lo que han indicado.
Borís Ramírez reconoce la influencia del ilustrador británico David McKean, un artista multifacético, pues también trabaja como fotógrafo, diseñador, pianista y director de cine. McKean cultiva un estilo surrealista, oscuro y onírico. Su forma de reproducir la realidad evoca los contrastes del expresionismo, que deforma la anatomía humana para atrapar las turbulencias más íntimas. Lo espectral, nocturno y simbólico salpica unas ilustraciones que eluden deliberadamente el realismo. McKean y Ramírez poseen la mirada de un espejo cóncavo. Distorsionan sistemáticamente para acercarse a la verdad oculta de las cosas. La portada, que muestra a un anciano en sillas de ruedas observando desde una ventana un cielo cortado por la silueta de los altos edificios de la gran urbe, refleja el desamparo y la soledad de los que afrontaron la muerte sin más consuelo que la compañía de sus cuidadoras. Una viñeta que ocupa toda la página muestra la impotencia de las auxiliares, incapaces de atender a todas las voces que suplican ayuda. Las viñetas en blanco, gris y azul evocan las pesadillas de Tim Burton. Todo parece terroríficamente irreal, pero sabemos que es real, dolorosamente real.
El guion de Raúl Cordero impulsa la historia con eficacia y convicción. Nada es afectado o inverosímil. Las tres auxiliares son personajes de carne y hueso, con problemas similares a los de miles de mujeres trabajadoras. Aunque los hechos se narran de forma retrospectiva, se aprecia que el dolor sigue muy vivo. No se trata solo de un trauma individual, sino de una catástrofe que ha dejado una huella devastadora en la memoria colectiva. El testimonio de Carmen Martín García añadió al acto el valor de la experiencia. Su madre sobrevivió al covid-19, pero Carmen considera que tiene una deuda con ella. Los ancianos de esa generación trabajaron duramente para crear una sociedad más justa y solidaria, pero su esfuerzo fue escarnecido con unos protocolos que los condenaron a morir de mala manera o a presenciar horrorizados cómo morían sus compañeros de habitación. Carmen nos recordó que todos somos vulnerables, que todos envejeceremos y que en cualquier momento podemos transformarnos en personas dependientes. No le falta razón, pero lo que sucedió en las residencias de Madrid solo pone de manifiesto algo que ya sabíamos y que intentamos olvidar. Nuestro mundo no es un mundo para viejos. Vivimos en una sociedad que rinde culto a la salud, la juventud y la prosperidad. La búsqueda incansable de beneficios está mermando la sanidad pública. Díaz Ayuso ordenó transferir 61 millones de euros originalmente presupuestados para las residencias públicas de mayores. Este gesto solo confirma que el capitalismo salvaje está destruyendo desde dentro el Estado del bienestar para implantar una especie de darwinismo social, donde los más débiles son descartados y marginados.
Afortunadamente, voces como las de Carmen, Raúl y Boris nos hacen sentir que la ternura y la compasión aún no han desaparecido. El porvenir puede ser distópico, pero está en nuestras manos evitarlo. Y el primer paso para conseguirlo es homenajear la memoria de las víctimas. El olvido es una segunda muerte. No permitamos que ocurra.
RAFAEL NARBONA
Publicado en la página de la Asociación Cultural Pilar Bardem https://t.co/LznmKH9DOc
this app is becoming an open demonstration on how y’all’s dependence on AI will surrender the construction of reality to corporations even more than it already has been
The reason this is repulsive is that Walt Disney defined the concept of Animation Acting in the public animation as something very stagey, very "playing to the back rows" in a simplistic way. Early film acting was like that too but it quickly became more nuanced. But Disney was all about formulas & everyone copies them so this vaudeville mugging has remained the industry standard for 100 years. The point with this clip is that doing this stuff in live action helps you see how flesh-crawlingly embarrassing it is. & it is not, as some have suggested, the same as what someone like Jim Carrey or Rowan Atkinson or other gifted physical comedians do with their faces, because those guys are commanding their own unique physicality with far more moving parts than a cartoon face. The expressions in these clips could be transposed to any other animated characters, & you know this because you've seen them all a thousand times before.
Otro ejemplo de "despido de la croqueta", "despido Hacendado", "despido a ver si cuela", o como lo queráis llamar. Vamos a sacar la bola de cristal del taller para adivinar lo que ha pasado y lo que va a pasar. Hilo👇
This is how I see it...
China is not Communist in the sense that the state owns all the means of production, and there are no market prices (you need at least 2 owners of property for a market to develop).
The U.S. is also not Capitalist.
We don't have sound money, free markets, and respect for private property. Only hints remain.
Both the U.S. and China are a marriage of State & Corporations.
The difference is the hierarchy.
China's hierarchy is State over Corporations.
America's hierarchy is Corporations over the State.
The Chinese state clearly puts China first, and corporations have to conform themselves to that. The Chinese trade with the world and don't invade the world.
America puts everything but America (and especially Israel) first. America invades the world.
The results of both hierarchies are crystal clear.
China is thriving. America is bankrupt.
Cette photo a beaucoup dérangé les autorités israéliennes. C'est vrai qu'elle est peu flatteuse, et qu'elle est différente de celles de soldates blondes et sexy qui se trémoussent sur Tiktok. Mais je crois que ce qui dérange le plus le récit sioniste victimaire, c'est que cette photo montre qui est la proie (une femme palestinienne) et qui est le prédateur. Pendant des décennies, Israël a prétendu ne faire que se défendre contre des palestiniens cruels et monstrueux qui vivent avec un couteau entre les dents.
Cette photo raconte une autre histoire.