que te traiga flores. . . Creo que no voy a parar de hacerlo.
—Admitió, mejillas ligeramente coloreadas y sin separarse ni un ápice del cuerpo adverso.—
—Y esa fue su intención, después de oírla hablar con tanto pesar sobre el paso del tiempo. El Gran Maestro quiso dejar un recuerdo para el futuro, incluso cuando él ya no estuviera a su lado. Quizá cambiarían de color, la tinta se borraría, pero seguirían en pie hasta que >
Torcidas, garabateadas o llenas de sus escritos, solo hacía que ese ramo de flores fuese aún más especial. Lo adoraba, igual que adoraba al hombre que tan bonito detalle había tenido con ella.
──────No digas esas cosas... ──────pidió, pero fue incapaz de borrar la +
ella misma o alguna fuerza mayor decidieran destruirlas.
Sus ojos se abrieron con sorpresa al recibir el beso, pero rápidamente se recuperó para abrazarse a la cintura impropia y volver a besarla con necesidad después de su agradecimiento.—
Si esto es lo que recibo cada vez >
tenían desde tonalidades azules más intensas a más celestes.—
Me gusta cómo se ilumina tu rostro cuando te hacen un detalle así.
—Añadió, sacando un par de guantes de su bolsillo para cubrir sus manos.—
Son lo mínimo que te mereces, mi querido ángel.
—Aquellas que estaban algo torcidas o estropeadas se debían principalmente a sus grandes manos. El ramo distaba de ser perfecto, de hecho, muchas de las flores estaban hechas con papel que él mismo ya había usado y no necesitaba. Repletos de su puño y letra, los lirios >
Dudó unos segundos antes de tomar el ramo, observando primero las manos de Varka, magulladas y llenas de pequeños cortes. Luego inspeccionó los lirios de papel, asombrada por la papiroflexia realizada.
Con las manos tan gruesas que tenía el caballero, era difícil de creer que +
arrancase ninguno, ¿no es así? Te he hecho algunos de papel. Klee, Fischl, Bennett y Razor me ayudaron.
—Las mejillas del Gran Maestro se tiñen de rojo de forma sutil, rascando su nuca con su mano libre.—
—Una sonrisa de oreja a oreja se dibuja en los labios del Caballero de Boreas cuando le reconoce al instante, una sensación cálida invadiendo su pecho.
El ramo alza en su dirección, ofreciéndoselo.—
Es para ti. Me dijiste que te gustaban los lirios de cristal, pero que no >