La temporada 5 de Fauda es de un pudor extremo.
Por respeto a los espectadores, apenas ha rozado las abominaciones cometidas el 7 de octubre por los árabes de Gaza. Os ha ahorrado a las mujeres violadas en grupo y después quemadas vivas, a las familias atadas juntas y descuartizadas —padre, madre, hijo—.
A la madre de un niño de siete años, embarazada casi a término, a la que abrieron en canal, el bebé apuñalado delante de ella y su otro hijo abatido. No os han mostrado a los árabes de Gaza violando los cadáveres de sus víctimas asesinadas, ni a los que le cortaron los pechos a una chica joven, en Nova, y jugaron al fútbol con ellos mientras un cómplice seguía profanándola.
No habéis visto las torturas. Las mutilaciones genitales. Los ojos arrancados. Las manos y los pies de niños cortados. A los padres de familia rociados con queroseno que suplican de rodillas y sobre los que alguien tira un cigarrillo para estallar de risa y gritar «Allahu Akbar» mientras se retuercen entre las llamas.
Fauda 5 no se ha extendido sobre la matanza sistemática de los jóvenes que solo estaban allí para hacer fiesta y bailar. Ninguna película, ninguna serie, puede reproducir de verdad los episodios de un pogromo en el que demonios ebrios de sangre se dieron el gusto a su antojo.
No habéis visto a los perros abatidos a quemarropa ni a las vacas exterminadas a ametralladora. Fauda es una ficción inspirada en la realidad.
Vivo a 25 km de Gaza. He visto todas las imágenes, las de verdad, los 47 minutos del ejército y otras más. Con gusto le metería el pie en el culo a cualquier islamoizquierdista que todavía se atreva a pretender que Fauda pecó de falta de pudor al reproducir, en forma de ficción, apenas el 5 % de lo que ocurrió aquel día.
Vía @rehoov