Esto es toda del idealismo asqueroso de las posmodernidad, esa idea de que hay que verle el lado positivo a absolutamente todo y sobreactuar una felicidad que no existe, a quien se le ocurre festejar perder una final? No lo puedo creer.
El futbolero está en su casa, masticando bronca, llorando, tratando de retomar fuerzas para encarar uno de los lunes más duros de su vida. Acá están los que ven futbol cada cuatro años y mucho no entienden, a veces me gustaría ser uno de ellos.