Acostúmbrate a ocupar toda la cama al dormir, a volver a la hora que quieras a casa, a no dar explicaciones, a ver tus programas favoritos, a salir con amistades y a viajar cuando quieras. Acostúmbrate al olor del café por las mañanas, a quedarte en casa solo porque no tienes ganas de salir. Acostúmbrate a ti, a tus cosas, a tu vida, a tu espacio y, sobre todo, a no esperar nada de nadie.