Yo sé que ustedes ya tienen demasiado lavado el cerebro con las mentiras que les dijeron por diez años, y que es una batalla perdida explicarles que si no se hubieran guiado por el odio a Correa y hubieran terminado la construcción de la Refinería del Pacífico tal como la Revolución Ciudadana empezó y dejó planificada para los siguientes 8 años, en estos momentos no sería necesario el subsidio a los combustibles y el pasaje sería casi gratuito.
Nuestra capacidad de producción se habría abaratado, lo que daría como resultado que los servicios y alimentos también se abaraten y, lo más importante, el Ecuador estaría ganando miles de millones aprovechando la necesidad y competencia por el petróleo que tienen las potencias en estos momentos.
Pero ya es en vano. A ustedes páginas de memes les mostraron la foto de un terreno que representa solo el 0,07% de lo que sería la refinería, y ustedes se tragaron esas mentiras. Hoy cosechamos los frutos de ese voto guiado por esas mentiras.
Una pregunta muy simple, fantasmas de @Adnecuadorok
Si sois tan maravillosos, tan nuevos, tan jóvenes y tan populares,
¿Por qué nunca dais la cara?
¿Por qué no debatís?
¿Por qué no dais entrevistas por fuera de vuestro círculo de peleletis aduladores?
Os leo.
Hay países que exportan café, banano o petróleo. Ecuador también exporta talento… pero lo hace huyendo.
A Juan Montalvo lo exiliaron, lo odiaron, y hasta quemaron sus libros. No porque dijera mentiras, sino porque decía verdades hermosas, escritas con sangre y elegancia. A Rafael Correa lo sentenciaron por influjo psíquico. No porque delinquió , sino porque se atrevió a pensar, a construir y a romper los moldes que ofenden a las élites domésticas.
Montalvo nació en Ambato. Correa en Guayaquil. Ambos sufrieron la misma maldición: nacer demasiado lúcidos para un país que prefiere al adulón antes que al insumiso, al tibio antes que al hereje.
A Montalvo lo habría hecho prócer la Argentina de Sarmiento, lo habría canonizado el Brasil de Rui Barbosa, o lo habrían proyectado en México como voz libertaria. Pero nació en Ecuador, donde la ignorancia no solo es norma, sino doctrina de Estado. Por eso quemaron sus libros: porque no se animaban a rebatir sus ideas.
A Correa lo ovacionan en Cannes. Allá lo entienden, lo invitan, lo respetan. Aquí lo condenan con sentencias cuya lógica no pasa ni el primer examen de derecho constitucional. Si Montalvo fue silenciado por sus palabras, Correa es perseguido por su legado. La hoguera fue reemplazada por la Corte Nacional.
¿Errores? Por supuesto que los tuvo. Montalvo también: era un furioso. Correa es un político, no un santo. Pero ambos tienen lo que más molesta al Ecuador profundo: visión, convicción y verbo propio. Y eso no se perdona.
En otros países los cuidan, aquí los crucifican. En Cannes lo aplauden, en Carondelet lo detestan. El patrón es el mismo: la patria siempre ha sido madrastra de sus hijos más brillantes.
Como escribió el propio Montalvo:
“Mi patria no me ha dado ni un cuarto de hora de reposo.” Y aún así, la defendió con su pluma.
Correa, con todos sus excesos, la defendió con ideas, con obra, con voz.
Y ahora, como entonces, el mensaje es claro: Si piensas por ti mismo, te mandan al exilio. Si repites consignas, te premian con la presidencia