Felicidades en especial a todo el equipo y afición de @TeamHeretics.
Se de buena mano lo mucho que llevabais esperando un día como este y estoy muy feliz de haber podido formar parte de él. Estoy seguro que este año tiene preparadas cosas todavía más grandes.
A disfrutar mucho de la noche y de la semana 🫶🏻
🚨ATTENTION @HereticsVal FANS HEADING TO THE #VCTEMEA FINALS IN BARCELONA 🇪🇸
If you're coming to support Team Heretics, join the official crowd in Barcelona.
DM me for the EXCLUSIVE FAN PRESALE link. (There might be a surprise inside 👀🎁)
#VamosHeretics#THWIN
Estamos fatal como sociedad, pero fatal de verdad. Y es que ya no hay ni filtros, ni límites, ni vergüenza. Ves el clip y no puedes evitar pensar: ¿en qué momento normalizamos esto? Un tipo que acosa, que sigue a alguien a eventos, a otras ciudades, que invade su espacio incluso cuando está haciendo un stream IRL, como si la vida de otra persona fuera contenido gratuito o un juego sin consecuencias.
La peña confunde internet con impunidad. Como si por ver a alguien en una pantalla ya no fuera una persona real. No, bro, no es tu colega: es alguien que está trabajando y viviendo, y tú cruzando una línea que nunca deberías haber pisado. Y aquí falta empatía, falta sentido común y sobra un montón de gente que necesita terapia, no atención. Porque hoy es un streamer y mañana puede ser cualquiera. Y cuando todo se va de las manos, nadie se hace responsable.
Y ojo, que no hablo solo de este caso. Pasa también dentro de los juegos, con los streamsnipers de siempre: gente que entra a una partida solo para joder, para molestar, para provocar, para arruinar horas de trabajo porque “les hace gracia” o porque quieren cinco segundos de atención. Y lo peor es la poca importancia que se le da a esto. Plataformas y juegos mirando para otro lado, sistemas de reportes inútiles, cero protección real para los creadores que están expuestos 24/7.
Al final el mensaje es claro: si molestas desde una pantalla no pasa nada, si acosas en un juego es “parte del trabajo”, si cruzas límites es “el precio de ser streamer”. No, no lo es. Es falta de control, falta de normas y falta de cojones para decir basta. Porque normalizar estas mierdas solo hace que vayan a más. Y eso, sinceramente, da bastante miedo.