Mi madre me llamó 17 veces esa noche.
Yo estaba ocupado.
Tengo 29.
Ella 58.
No era urgente.
Eso pensé.
Estaba en una reunión.
Luego en el gimnasio.
Después salí con amigos.
—Luego la llamo —dije.
No llamé.
A las 11:43 pm entró otro mensaje.
“Cuando puedas, hijo.”
Nada más.
Sin drama.
Sin reclamos.
Al día siguiente desperté tarde.
Tenía 4 llamadas perdidas de un número desconocido.
Era el hospital.
—Su madre ingresó anoche —dijo una voz tranquila.
Sentí un vacío en el estómago.
—¿Está bien?
Silencio breve.
—Llegó sola. Dijo que no quería molestar a su hijo.
Manejé sin sentir las manos.
La encontré en una camilla.
Con oxígeno.
Con los ojos cerrados.
Cuando me vio, sonrió.
—Estabas ocupado —susurró.
Quise explicarle.
Quise justificarme.
Quise mentir.
No pude.
Me tomó la mano.
—Tranquilo. Ya pasó.
Eso dolió más que cualquier reclamo.
Se recuperó.
Volvió a casa.
Pero algo cambió en mí.
Esa noche revisé mi historial de llamadas.
Durante años, siempre era ella quien llamaba primero.
Siempre era ella quien insistía.
Siempre era ella quien esperaba.
Yo solo respondía cuando podía.
Mientras manejaba de regreso entendí algo que nadie te advierte:
El día que tus padres dejan de llamarte tanto…
no es porque aprendieron a respetar tu espacio.
Es porque aprendieron a vivir sin él.
Y hay silencios que no vuelven a sonar igual.
Estoy pensando seriamente poner una chocolatería, o una tienda de cremas humectantes próximamente. Estas bellezas, paisanas latinoamericanas, me llenan de regalos por donde quiera que vamos. Tengo chocolates , cremas , cartas y detalles cada uno más cariñoso que el otro. Nos venimos a Vancouver Canadá y vamos a Seattle para el concierto de esta noche. Ellas vendrán con nosotros. Nuestros pedacitos de Latinoamérica en todas partes del mundo. Puras sonrisas, como debe de ser.
Mi esposa y yo discutíamos por todo.
Dinero. Tiempo. Tonterías.
—Ya no eres el mismo —me decía.
—Tú tampoco —respondía yo.
Dormíamos espalda con espalda.
Un día me dijo que quería separarse.
No discutí.
No rogué.
Firmamos los papeles en silencio.
Cuando recogía mis cosas, encontré una caja vieja.
Fotos. Cartas. Boletos de nuestro primer viaje.
Le pregunté:
—¿Por qué nunca dijiste que aún guardabas esto?
Ella me miró con los ojos rojos.
—Porque esperaba que tú pelearas por nosotros.
No supe qué decir.
Me fui creyendo que había sido fuerte.
Años después entendí la verdad:
El orgullo gana discusiones.
Pero pierde matrimonios.
En octubre del año pasado fue al SAIME en Caracas.
Meses antes pagué el equivalente a $25 por los datos filiatorios de mi abuelo. Nunca llegaron.
Ese día, la encargada de una de las dos únicas taquillas que atendían esos casos me fue pidiendo uno a uno documentos que esperaba que yo no tuviera. Los tenía todos en PDF y algunos en original.
Me hizo salir y entrar 17 veces para sacar copias que según ella necesitaba y como cada documento que me pedía, yo lo tenía, finalmente me dijo que debía llevar el acta de nacimiento de mi abuelo español nacido en España apostillada por el sistema venezolano.
Lo único que necesitaba de esos datos filiatorios era el número de Gaceta en la que mi abuelo solicitó la nacionalidad venezolana. Ella lo tenía pero, no sabía que eso era lo que yo necesitaba.
Salí y entré cada una de esas 17 veces pidiéndole a mi abuelo que por favor, me entregaran lo que necesitaba y por lo que había pagado.
Dentro de esos espacios oficiales, no me dejaban tener el teléfono en la mano, así que cada vez que me pedía un documento debía salir de las oficinas y revisar mi teléfono para buscarlo e imprimirlo.
La última vez que entré, ella, que fingía querer ayudarme, sacó dos papeletas en sus manos y comenzó a explicarme que yo necesitaba ir a Barquisimeto a que le cambiaran el nombre de mi abuelo del acta de matrimonio, pues en la que yo tenía, con fecha reciente, le faltaba uno de ellos.
Me dijo que luego debía ir al Ministerio de Exteriores para que me apostillaran ese documento y que una vez que lo tuviera, podía ir al SAIME y ella con gusto me daba los datos filiatorios.
Otro funcionario la escuchaba con cara de “te pasaste” y la interrumpió para decirle que así, con lo que yo tenía, podía tramitar el documento. Ella casi lo liquida con la mirada y comenzó una discusión un poco intensa con el.
Puso las papeletas en el escritorio y yo vi la huella digital del dedo de mi abuelo en uno de ellos. Sabía que ese era el comprobante de la cédula de identidad. Moví el papel con mis manos y prácticamente saltó ante mis ojos el número de la Gaceta que necesitaba.
Lo memoricé y me acerqué a mi hijo que estaba conmigo. Al oído, se lo repetí 3 veces y le dije: memorízalo. Sal y lo anotas en tu teléfono pero por favor, no lo olvides.
La mujer se dió cuenta de que estaba mirando el papel y con rabia lo quitó. Le dije: “disculpa, nunca había visto algo tan antiguo de mi abuelo y me dio curiosidad”. Una vez más pude ver el número y rogué no olvidarlo. Ella histérica lo apartó de mi vista.
Minutos después entró mi hijo y me dijo al oído que no solo lo había anotado sino que se lo había dicho a un amigo que nos esperaba afuera y este buscó el número de la gaceta en google y efectivamente, ahí estaba la solicitud de nacionalidad de mi abuelo.
La mujer seguía discutiendo con el otro funcionario, así que victoriosa me paré y le dije:
-Entonces ¿no se puede hacer nada?
-No. Debes traer lo que te dije.
Di un paso atrás y le dije: Gracias, no volveré. Ya tengo lo que vine a buscar.
Salí airosa. Me sentía bendecida. El corazón me palpitaba a mil por hora. No solo tenía lo que fui a buscar sino que además, me ahorré los $800 que nos estaban solicitando por encontrar ese número.
Recuerdo que publiqué en twitter como podía encontrar la Gaceta para imprimirla porque la que tenía era de google y estaba “dañada” por marcas de agua. Alguien que me leyó, en minutos me la encontró y me la envió a mi correo.
Espero que la funcionaria que me atendió ese día pueda leer este tweet porque me quedé con las ganas de decirle: Esto algún día acabará. Y fíjate, ya acabó.
Por cierto, me encantaría saber cuánto ganan esos funcionarios para que ella estuviera ataviada en oro, con iPhone último modelo y cartera de diseñador mientras cualquier otro funcionario público no tiene ni cómo dar de comer a sus hijos.
Espero que los negocios fraudulentos en el SAIME y en el Seniat, también lleguen a su fin.-
La reapertura del espacio aéreo comercial de Venezuela luego de siete años de suspensión, representa mucho más que el restablecimiento de vuelos. Es una decisión estratégica con profundas implicaciones políticas, económicas, sociales y simbólicas para el país. Tras años de aislamiento producto de la ruptura de relaciones diplomáticas, sanciones y desconfianza institucional, volver a abrir los cielos significa comenzar a reconectar a Venezuela con el mundo.
Que la administración de Donald Trump haya decidido retomar el espacio aéreo en este momento no es un gesto aislado ni improvisado. Se trata de una medida orientada a allanar el camino de una transición controlada hacia la democracia, enviando una señal clara de que Venezuela vuelve a ser considerada un país con posibilidades reales de reinserción internacional, siempre bajo condiciones claras y verificables.
Es fundamental aclarar que esta decisión no legitima estructuras políticas transitorias ni consolida liderazgos circunstanciales. Por el contrario, abona el terreno institucional, económico y logístico necesario para el momento en que los venezolanos podamos volver a elegir de manera libre y democráticamente a quienes realmente ganaron y están llamados a conducir el país. Se trata de preparar a Venezuela para lo que viene, no de validar lo que fue.
Desde el punto de vista económico, sin espacio aéreo no existe inversión sostenible. Ningún capital extranjero serio se instala en un país al que no se puede acceder con normalidad. La reapertura facilita la llegada de empresarios, técnicos, inversionistas, organismos multilaterales y misiones de evaluación indispensables para la reconstrucción económica. Reactiva además sectores clave como el turismo, el comercio, la logística, la aviación civil, los seguros, la hotelería y los servicios, generando empleo inmediato y dinamizando la economía interna.
En el plano humanitario y social, abrir el espacio aéreo significa reconectar a millones de venezolanos con sus familias, facilitar el retorno de profesionales, permitir la movilidad de estudiantes, médicos, académicos y trabajadores y reducir los costos y riesgos que hoy implica salir o entrar al país por vías indirectas. Es devolverle a la ciudadanía un derecho básico: el de moverse libremente.
Desde una perspectiva política e institucional, esta decisión funciona como un incentivo concreto y una herramienta de presión positiva. No es un premio gratuito. El mundo abre puertas en la medida en que Venezuela demuestra voluntad real de cambio, ruptura con el autoritarismo y exclusión de los actores responsables del colapso institucional. El mensaje es inequívoco: la reinserción internacional está ligada a una democracia auténtica, no cosmética.
Además, la reapertura del espacio aéreo tiene un enorme valor simbólico. Durante años, el cierre de los cielos fue la imagen del país clausurado, desconectado y aislado. Abrirlos es decirle al mundo y a los propios venezolanos aunque no lo creamos aún, que Venezuela vuelve a existir en el mapa internacional y comienza, paso a paso, a reconstruir confianza.
Abrir el espacio aéreo no resuelve todos los problemas, pero sí es una de las llaves fundamentales para que la transición no se quede en discursos. Es una medida concreta que prepara el país para el futuro democrático, económico e institucional que está por venir.
En casi 27 días, se han hecho más cosas positivas que en 27 años y las razones las sabemos , así que ánimo . Solo imaginemos donde estaremos en un año .
Seguimos 💪🏼💪🏼
Alexa Gómez 💛💙♥️
#27Nov Hoy es el día de la Virgen de la Medalla Milagrosa.
Todo lo que le he pedido siempre nos lo ha concedido.
Atravesamos una lucha espiritual.
Haz que el bien siempre triunfe sobre el mal.
Bendícenos virgen amada. AMÉN!
Con el dinero que gastan esas empresas y grupos en el mes rosa con motivo del cáncer, pueden ayudar a muchos pacientes con chequeos, mamografías y exámenes que necesitan cubrir
Creo que sería lo mejor y no gastar ese dinero en eventos que no sirven ni ayudan.