"Desde que asumió, Milei está en un “plan aguantar”. Pero este cuadro está sostenido por un convencimiento público de no volver jamás AL PASADO. Todos repetimos que lo anterior era un desastre, que lo era, más vale, pero lo decimos para que no nos junten con lo pasado pisado. Pero ese pasado era el pasado de la inflación desbordante, no de la destrucción sistemática de toda cobertura social e incentivo productivo de un país."
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@elchara
"Anaximandro hace tres cosas. Es el primer hombre que se atreve a dibujar el mundo, es el autor del primer mapa. Los egipcios tenían mapas, pero esos mapas eran parciales, servían para dirimir pleitos entre los propietarios de terrenos inundados por el Nilo. Pero a Anaximandro se le ocurre dibujar el primer mapamundi y ahí, según nos dicen —el mapa se ha perdido—, ahí el mundo está representado como una columna o como un cilindro que flota, no en el agua, como había imaginado Tales, sino que se mantiene en el centro del universo. Anaximandro ejecuta otra obra. Fabrica el primer reloj de sol, o perfecciona el reloj de sol de los asirios. Luego ejecuta una tercera obra, la más importante para nosotros. Escribe sus opiniones filosóficas, su cosmología, sus razones a favor del "apeiron". Todo esto lo escribe en un libro. Es decir, Anaximandro ejecuta el primer reloj, el primer mapamundi y el primer libro. Casi y sin casi, podríamos decir que de él parte toda la civilización occidental. Salvo que de cualquier hombre parte, en cierto modo, todo lo que sucede después, ya que el mundo es una red inextricable de causas y efectos y que el menor pensamiento nuestro, el menor acto nuestro, corre el albur de proyectarse infinitamente en el porvenir.
Borges, J. L. (2026). Una historia del libro. En Conferencias reunidas, 1960-1985. Sudamericana.
Organismos de la conducción (Capítulo IV)
Si el Capítulo III es el método, el IV es la máquina: cómo se organiza de verdad la conducción. Y arranca con una definición que lo ordena todo: la política es una lucha. Una lucha general, que es la estrategia, y muchas luchas particulares, que son la táctica. Lo ideal es ejercer las dos juntas, porque la estrategia fija los grandes objetivos —Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política— y son tan bien elegidos que el adversario, para competir, no tiene más remedio que levantar las mismas banderas.
De ahí sale lo mejor del capítulo: conducir no es mandar. A nadie le regalan los hombres; se los gana el conductor. Por eso nunca hay que ordenar lo que no se puede cumplir, y hay que estar acorazado de transigencia —conformarse con el cincuenta por ciento, siempre que ese cincuenta sea el más importante—, siendo intransigente sólo en los grandes principios. La diferencia con lo militar es tajante: el conductor militar ordena, el político persuade; una disciplina nace del reglamento, la otra de la convicción y el corazón.
El capítulo separa con cuidado dos planos que no deben mezclarse: la política se conduce y el gobierno se administra, porque gobernar es un acto cualitativo que exige organización. Y pone el acento en la formación de los cuadros —elegidos por virtud, no por ambición— y en una comunicación de ida y vuelta, porque nadie debe actuar sin saber por qué. El riesgo es el individualismo del dirigente que cree que el mundo gira alrededor de su pueblo: el pueblito está en la República, no la República en el pueblito.
Termina elevando el oficio a arte, y el arte a trabajo. Hay dos caminos: el genio y el método, y como los genios escasean, queda el método, que es perseverancia. Cada conductor crea su instrumento, con sacrificio de todos los días, porque el genio es trabajo. Y a los pueblos hay que dosificarlos: no según lo que uno quiere enseñar, sino según lo que el pueblo puede aprender. Poco, pero bueno.
Perón, J. D. (1951). Conducción política. Escuela Superior Peronista.
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El método de la conducción (Capítulo III)
Perón parte de una advertencia que suena obvia pero casi nadie respeta: es un grave error accionar sin conocer la situación. Por eso el método tiene un orden que no se puede saltear —primero la situación, después su apreciación, y recién entonces la resolución—, y de esa secuencia la decisión brota sola, como un proceso natural, sin forzar la inteligencia de quien la toma.
Conocer la situación no es juntar papeles. Hay información estratégica, que da el cuadro de conjunto, e información táctica, que es la del lugar concreto; y hay que depurarla, porque de veinte fuentes recién cuando coinciden doce la cosa es confiable. Pero ni el mejor informe reemplaza al conocimiento vivido: el que conduce yerra más cuando se fía de sus teorías que cuando se fía de sus ojos. Ante un problema confuso, se va al lugar, se conversa con la gente y se vive la situación.
En la apreciación, el factor preponderante es siempre el elemento humano: se trabaja con hombres para cosas de hombres, y los hombres solos son una cosa y reunidos son otra. Por eso se analiza con una finalidad —qué quiero, adónde voy, qué busco—, porque sin objetivo no hay análisis que sirva.
La resolución es acción: una idea mediocre ejecutada con tenacidad rinde más que la concepción más hermosa que nunca se ejecuta. Y el instrumento de esa acción es el pueblo organizado, que vale no por el número sino por los dirigentes que tiene al frente.
El método ideal no mata la intuición: la somete a la comprobación racional. Y para ser efectivo debe cumplir cuatro condiciones —simple, objetivo, estable y perfectible—; si las cumple, por primario que parezca, funciona; si no, por científico que sea, lleva al fracaso. Cierra con una idea incómoda y profundamente peronista: la verdadera colaboración no es alabar, es señalar los errores. El verdadero amigo es el que aconseja.
*Perón, J. D. (1951). Conducción política. Escuela Superior Peronista.*
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"Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento: el momento en que el hombre sabe para siempre quién es. Cuéntase que Alejandro de Macedonia vio reflejado su futuro de hierro en la fabulosa historia de Aquiles; Carlos XII de Suecia, en la de Alejandro. A Tadeo Isidoro Cruz, que no sabía leer, ese conocimiento no le fue revelado en un libro; se vio a sí mismo en un entrevero y un hombre".
"Comprendió que un destino no es mejor que otro, pero que todo hombre debe acatar el que lleva adentro".
"Comprendió que las jinetas y el uniforme ya lo estorbaban".
" Comprendió su íntimo destino de lobo, no de perro gregario; comprendió que el otro era él".
Borges, J. L. (1949). Biografía de Tadeo Isidoro Cruz (1829-1874). En El Aleph. Losada.
"El hombre debe amar a Dios con amor intelectual, es decir, debe amar el orden del universo, lo que se ha llamado amor fati, el amor del destino. Cada uno debe amar su propio destino; no importa que éste sea desdichado, es parte del universo, del perfecto universo de Dios. Debemos amar, si no podemos todo lo que queremos, debemos querer lo que podemos.
Dice Spinoza que debemos amar a Dios sin esperanza alguna de ser amados por él. Goethe veía en esto un ejemplo de abnegación, pero realmente no procede de abnegación, sino del concepto de la Divinidad que tenía Spinoza. Nuestro destino individual no le importa a Dios. Es lo contrario, digamos, de Miguel de Unamuno, que decía que Dios es, ante todo, el productor de inmortalidad, y Spinoza no creía en la inmortalidad personal. A Spinoza no le importaba el hombre; Baruch Spinoza, que vivió cuarenta y tres años en Holanda, donde moriría, escribió, sin embargo: "Sentimos que somos inmortales, pero somos inmortales no como individuos, ya que como individuos somos meros adjetivos de Dios, sino inmortales como parte de la Divina inmortalidad".
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Borges, J. L. (2026). Spinoza. En Conferencias reunidas, 1960-1985. Sudamericana.
"... hay dos maneras de razonar, que un comentador de Joyce ha llamado: "el pensamiento del día" (day thinking) y "el pensamiento de la noche" (night thinking)."
"...el pensamiento humano, según Jung, se parecería a los sueños, es decir, la mitología es anterior a la filosofía. En un texto griego leemos que "el mar es el padre de todos los dioses". Éste es un pensamiento mitológico, y luego en el período presocrático leemos que Tales de Mileto dice "... el agua es la raíz o el origen de todas las cosas...". Aquí ya tenemos un pensamiento abstracto..."
"Aun Platón, en aquel admirable diálogo que narra el último día de Sócrates, pasa de los razonamientos en favor de la inmortalidad del alma a los mitos sobre el río Leteo o el Tártaro."
"Es decir, los griegos podían pensar en ambos planos: en el de las imágenes y en el de los razonamientos abstractos."
Borges, J. L. (2026). El Libro de Job. En Conferencias reunidas, 1960-1985. Sudamericana.
#mitología #filosofía #Borges #razonamiento
"... la naturaleza de Dios no tiene por qué ser comprendida por el hombre. Hablar de la justicia o de la bondad de Dios ya es una suerte de atrevimiento; es aplicar una medida humana a la Divinidad. Creo que Huxley dice "... no hay ninguna razón para que un hombre inteligente en el siglo XX comprenda al universo, es decir, comprenda a Dios."
"... no podemos comprender o medir a Dios; el universo existe, nuestras desdichas y, a veces, felicidades, raras veces felicidades, existen, no sabemos por qué, salvo que hay un sentido moral que nos dice que debemos obrar de un modo y no de otro."
Borges, J. L. (2026). El Libro de Job. En Conferencias reunidas, 1960-1985. Sudamericana.
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