El papel de la prensa es informar. Y cuando las preguntas y las respuestas constan por escrito, no debería haber espacio para poner en boca del entrevistado cosas que nunca dijo.
Una cosa es informar; otra, hacer análisis u opinión, que por supuesto son legítimos. Y otra muy distinta es atribuir intenciones, posiciones políticas o afirmaciones que no aparecen en las respuestas entregadas.
Transcribo las preguntas que me formuló EL PAÍS @el_pais@ElPaisAmericaCo y mis respuestas, exactamente como fueron enviadas:
1. ¿Por qué es importante cambiar el lenguaje oficial en vez de seguir usando la expresión “niños y niñas”? ¿Qué aporta cambiar a la expresión “niñez”?
Mi decisión no consiste en borrar a las niñas del lenguaje institucional. Todo lo contrario. La palabra “niñez” comprende a las niñas y a los niños y permite que el ICBF utilice un lenguaje claro, incluyente y jurídicamente comprensible.
No estoy interesada en convertir el lenguaje del ICBF en un escenario de disputas ideológicas. El Instituto tiene problemas demasiado serios como para que su prioridad sea multiplicar palabras donde existe una expresión que comprende a todos.
Mi responsabilidad es concentrar a la institución en lo esencial: proteger a la niñez, garantizar sus derechos y atender a las familias.
2. ¿Hay alguna explicación dentro de la institución que explique por qué el director en el Huila pidió quitar la palabra “niñas” y prefería “niños y adolescentes”?
No puedo responder por las motivaciones particulares de una comunicación expedida antes de mi llegada.
Lo que sí puedo decir es que he encontrado una institución en la que las regionales parecen islas: cada una hace lo que quiere, cuando quiere y como quiere. Eso se va a acabar.
La Dirección General fijará lineamientos institucionales claros y estos deberán cumplirse en todo el país. La orientación que he impartido es hablar de la niñez, la adolescencia y las familias.
3. ¿En qué sede del ICBF fue encontrado el mural que dice “Resistencia Chiquita”?
Fue encontrado en la sede de la Dirección General del ICBF, en Bogotá.
Y hago una precisión: no era un “mural”. Era un corcho adherido a una pared en las instalaciones de la Dirección General.
4. ¿Por qué la resistencia a la palabra “resistencia” en “Resistencia Chiquita”? Entiendo que le preocupa la manipulación política a los menores de edad, ¿pero no podrían también ser adolescentes con curiosidad por desarrollar sus propias ideas políticas?
Por supuesto que la niñez y los adolescentes tienen derecho a expresarse, a ser escuchados y a desarrollar sus propias ideas. Eso no está en discusión.
Lo que cuestiono es algo distinto: ¿resistencia a qué? ¿A qué se resiste una niña de seis años?
Una cosa es escuchar a una niña y reconocer su voz, y otra muy diferente es que los adultos tomen las expresiones de una niña de seis años, las carguen con categorías y significados propios de las confrontaciones de los adultos y después presenten el resultado como una expresión política de la niñez.
El ICBF no está para promover activismos ni ideologías, sean de izquierda, de derecha o de cualquier naturaleza. Está para garantizar derechos y proteger a la niñez.
Estas fueron las preguntas. Estas fueron mis respuestas.
Ahora cualquiera puede compararlas con lo publicado y determinar si de ellas puede concluirse que para mí utilizar “niños y niñas” constituye activismo político o que, “sin tener que decirlo”, me estaba refiriendo al activismo de izquierda.
No lo dije. De hecho, dije exactamente lo contrario.
La prensa tiene todo el derecho a cuestionarme y a interpretar mis decisiones. Pero una interpretación periodística no puede convertirse en palabras que se me atribuyen.
Cuando respondo por escrito, queda registro. Y cuando se me atribuya algo que no dije, pediré que se corrija.
Así de sencillo.
Si la prioridad no fuera la retórica, no atacarían lo que consideran retórica
Si la prioridad no fuera el lenguaje, no reaccionarían frente al lenguaje.
Si les importa los hechos, trabajarían sobre transformar la realidad.
Si atacan las palabras, es porque saben que importan
Robbie Williams está por cantar acústico cuando un gordo desde abajo empieza a cantar confundido una canción de Enrique Iglesias.
Robbie lo para, le dice "esa no es, boludo. Nadie sabe que la robamos." y empieza con Better Man.
El momento más gracioso de la semana.
ATENCIÓN. Toda vivienda en Colombia trae una garantía de diez años sobre la estabilidad del edificio. Muchas familias afectadas por el terremoto todavía la tienen y no lo saben. Y esa garantía está con el edificio, no con su escritura. Abro hilo.
Si conoce a alguien cuya casa quedó agrietada con el terremoto, dígale esto hoy. Cuando la vivienda está hipotecada, la ley exige que esté amparada contra incendio o terremoto, y esa prima ya se paga dentro de la cuota. Miles de familias van a pagar de su bolsillo un daño que ya estaba asegurado. El plazo para avisar a la aseguradora vence esta semana. Va hilo
Para quienes sufrieron daño en sus bienes y lo están pagando con crédito, recuerden que la póliza del mismo tiene amparo de terremoto. Tomen fotos, pruebas y demás. Háganlo con un periódico del día en video. No se vayan a dejar rapiñar de abogados, pueden hacerlo ustedes mismos.
Pregunta seria: si son tan librepensadores y no creen en Dios, ¿por qué les da tanto miedo un retiro espiritual? ¿Qué diferencia hay entre rezar, meditar, hacer asanas, participar en una ceremonia con los mamos o repetir frases motivacionales en un taller de coaching? ¿Por qué unas prácticas son bienestar o cultura y la otra es una amenaza al Estado laico?
Tal vez muchas personas no lo saben, pero eso ya está ocurriendo. En los últimos cuatro años aumentó el #gasto de bolsillo en #salud, creció la contratación de medicina prepagada y se multiplicaron las quejas por problemas de atención. Esa es una realidad que hay que reconocer y, sobre todo, solucionar con urgencia.
« Ne rien vouloir et ne rien chercher d'autre, sinon, en toutes choses et par tous les moyens, une plus grande louange et gloire de Dieu Notre Seigneur. » Ignace de Loyola
Richard Feynman, el físico teórico ganador del premio Nobel en 1965, contaba que su padre le enseñó una lección muy sencilla. Podía aprender cómo se decía “pájaro” en distintos idiomas, y pero eso no significaba que entendiera cómo podía volar, y sacudía sus alas para deshacerse de parásitos.
Saber un nombre de una cosa no es lo mismo que comprender en qué consiste.
Creo que esa confusión aparece con frecuencia en la educación. Muchas veces pensamos que aprendimos porque somos capaces de repetir una definición, una fórmula o una sigla. En realidad, apenas aprendimos a nombrarla.
Entender exige algo distinto.
Exige preguntarse por qué las cosas son como son, cómo funcionan y para qué sirven. Exige conectar las ideas con la realidad y descubrir cómo ayudan a explicar el mundo.
En economía ocurre todos los días.
Podemos repetir qué significa el PIB, la inflación o la tasa de interés. Eso no garantiza que entendamos qué nos están diciendo sobre un país o por qué cambian la vida de las personas.
La mejor prueba de que entendimos algo no es que podamos repetirlo de memoria.
Es que seamos capaces de explicarlo con nuestras propias palabras y usarlo para comprender mejor la realidad.
Lo podríamos llamar la “Prueba Feynman del conocimiento”. Invito a leer la experiencia de Feynman cuando fue a enseñar física a una universidad de Brasil. Búsquenla en Google.
Le impresionó que los estudiantes empezaban muy temprano en su vida a estudiar física, gastaban más horas leyendo los textos y podían responder bien los exámenes.
Pero cuando les pedía que explicaran cómo la luz que entraba por la ventana se refractaba en un vaso de agua que posaba en una mesa, se quedaban callados .
Sabían las fórmulas de memoria, pero no cómo esas fórmulas explicaban mejor la realidad.
Es la gran falla de nuestra educación. Crear cotorras ilustradas, que no pueden dar cuenta de su entorno.
(Feliz día de San Ignacio)
AMAR Y SERVIR
En todo lugar es posible el amor,
en la calle enfangada del arrabal
y en la terca soberbia del palacio,
tras la puerta cerrada
y a cielo abierto,
en la cárcel, o en la Iglesia,
en el mercado y el parque.
Allá donde hay gente,
si dejamos crecer la semilla,
será amor lo que surja,
pues está plantada
en nuestra entraña
un ansia de comunión y encuentro.
En todo momento es posible el servicio,
la disposición a salvar abismos,
la amistad que se gesta en el cuidado,
la toalla ceñida a la cintura,
el sueño de un mañana mejor.
Siempre estamos a tiempo
de despojarnos de ambición y ego,
empeñados en el bien de todos.
En todo lugar, el amor,
En todo momento, el servicio.
En todo, amar y servir.
En los últimos días han llamado la atención dos imágenes.
Primero, el 𝗖𝗿𝗶𝘀𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗦𝗮𝘂𝗺𝗼𝘀 (Gironda, Francia), que permaneció en pie tras el devastador incendio que arrasó la zona.
Después, en el 𝗦𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗼 (Italia), una escultura de Cristo tallada en un olivo muerto por la Xylella sobrevivió al fuego mientras el paisaje a su alrededor quedó reducido a cenizas.
¿Son milagros? La Iglesia siempre ha sido prudente antes de llamar “milagro” a un acontecimiento. Y nosotros también deberíamos serlo.
Pero sí hay algo que estas imágenes nos recuerdan.
El fuego puede consumir bosques, templos o esculturas. Lo que nunca podrá consumir es el mensaje de la Cruz.
Cristo no vino a prometernos una vida sin llamas. Entró Él mismo en el sufrimiento para vencer aquello que parecía tener la última palabra: el pecado y la muerte.
Ver un crucifijo en pie entre las cenizas es, al menos, una poderosa imagen de esa verdad: cuando todo parece perdido, la esperanza cristiana permanece.
Porque, al final, no es la madera la que sostiene a Cristo. Es Cristo quien sigue sosteniendo al mundo.
✝️🙏
Se repite la lógica del gobierno, denunciando su propia corrupción, culpando a la historia de su incompetencia.
Dijeron que era el piloto para la reforma a la salud, ahora dicen que unos infiltrados lo corrompieron y que Petro fue asaltado en su buena fe.
https://t.co/0MlGnEF4Ui
Intentemos ayudar a Diego. No cuesta nada hacer un retuit, y puede significar mucho para él. Es un gesto que hacemos con muchos posts, pero este, sin duda, será muy especial.
Por favor. ❤️
Mudos con buena ortografía
Estamos ante una generación entera aprendiendo a vivir de la mano de la IA para todo.
Niharika Abbaraju tiene 20 años e investiga el cáncer usando inteligencia artificial. Hasta ahí, todo se ve normal y lógico dentro de las nuevas dinámicas del mundo real y la IA. El detalle, sin embargo, aparece cuando se quita la bata y sale del laboratorio. Según le contó al diario The Wall Street Journal, usa ChatGPT para redactar frases de conquista en las apps de citas, para romper el hielo en las fiestas y, a veces, hasta para responderle a la persona que tiene enfrente. ¡Enfrente! Si la conversación gira hacia un libro que no ha leído, consulta a escondidas un resumen instantáneo para aparentar que lee.
Y ojo. No es un caso aislado. Estamos ante una generación entera aprendiendo a vivir de la mano de la IA. Para todo.
Los padres de familia llevan años celebrando que sus hijos dominen la herramienta que les resuelve las tareas y les ayuda a diseñar apps. Bien por ellos. Pero mientras revisaban las notas del colegio, la herramienta migró silenciosamente de la tarea a la vida. Ya no resume el capítulo de historia, sino que redacta la declaración de amor, el reclamo al amigo, la disculpa a la novia. Ya no ayuda con el ensayo, sino que dicta cómo comportarse en una fiesta, qué decir en una cita, cómo pelear y cómo reconciliarse. Dejó de ser calculadora y se volvió ventrílocuo, psicólogo y mejor amigo.
Los psicólogos consultados por The Wall Street Journal le pusieron nombre al fenómeno y es escalofriante: una epidemia de desconfianza en uno mismo. Cada vez que un muchacho pasa su mensaje por el filtro de la máquina antes de enviarlo, se enseña a sí mismo una lección diminuta y corrosiva. Que su propia voz no es confiable. Que su instinto necesita revisión. Repítase eso mil veces al año y el resultado es un adulto incapaz de sostener una conversación sin red.
Seamos honestos, porque los adultos no tenemos autoridad moral intacta. Yo también he trabajado con estas herramientas, y usted probablemente también. La diferencia es brutal y hay que decirla. Los modelos LLM tienen una capacidad de resolución descomunal. Sin embargo, nosotros, los viejos, aprendimos a conversar, a pelear y a pedir perdón antes de que existiera el atajo. Nuestros jóvenes están construyendo su musculatura social con el atajo puesto desde el primer día. Nosotros usamos las muletas pudiendo caminar. Ellos podrían no aprender a caminar.
¿Tienen responsabilidad las empresas dueñas de estos modelos? Claro que sí. Diseñan productos que complacen, que jamás se cansan, que responden a las tres de la mañana sin mal genio y sin exigir nada a cambio. Ningún amigo de carne y hueso compite contra eso. Deberían existir configuraciones de menores por defecto, transparencia sobre lo que estos sistemas no saben hacer y advertencias tan visibles como las de las cajetillas de cigarrillo. Pero esperar que se autorregulen por bondad es tan ingenuo como esperarlo de las tabacaleras. Eso les corresponde a los reguladores, que van, como siempre, décadas atrás.
Y mientras el regulador despierta, la tarea queda donde siempre ha estado. En la casa. Prohibir estas herramientas es tan útil como prohibir la lluvia. Nos tocó cohabitar con ellas y la cohabitación exige criterio, no pánico. Eso significa conversar en la mesa sin pantallas, dejar que el hijo envíe el mensaje imperfecto, resistir la tentación de corregirle la vida. Significa enseñarles que el silencio incómodo, el error social y el corazón roto no son fallas del sistema. Son el gimnasio donde se forma un ser humano completo.
Un hijo que necesita permiso del algoritmo para hablar no está optimizado. Es un mudo con una buena ortografía. Y no nos engañemos. Ningún modelo de lenguaje, por grande e infalible que sea, va a abrazarlo el día que la vida, que no acepta prompts, le pase factura. Y ese día, tarde o temprano, llegará.
https://t.co/gXj8JZPfAM
@_Ursul4 ⚡️ Mi favorito es Lee Kuan Yew, fundador y padre del éxito económico de Singapur, férreo anticomunista. Decía cosas como: "No me gusta el comunismo porque destruye todo lo que toca".
Para muchos —me incluyo— el más grande estadista de los últimos 100 años.