REPORTAJE ESPECIAL | Un verdadero héroe: La historia del rescatista mexicano de 80 años que atiende por tercera vez un desastre en Venezuela https://t.co/vP9L5Ypp9x
🇻🇪 | Un profesor venezolano le dice a sus alumnos que ellos «que son la generación que no va a tener que migrar, que son el futuro de un país que está bendecido».
En unas horas muchos retomaremos la rutina, trabajos, colegios, universidades, una rutina con una gran tristeza temporal a mi criterio a cuestas , pero que duele, que nos ha mantenido en silencio y aletargados todos estos días y desde hace muchos años. Les voy a dejar un escrito que otras veces les he compartido, desconozco su autor, pero siempre que me siento rota vuelvo a él y me ha servido. En los países en guerras la gente continúa con sus rutinas, porque mentes ocupadas son más productivas que mentes ociosas y en este país no podemos permitirnos el lujo de estar ociosos. Pero va para ustedes este hermoso escrito. Espero que les sirva como me sirve a mí cada vez que me siento de bajón emocional 🫶🏼
Yo: Hola Dios. 😔
Dios: Hola...
Yo: Me estoy desmoronando ¿Me puedes volver a armar?
Dios: Preferiría no hacerlo.
Yo: ¿Por qué?
Dios: Porque no eres un rompecabezas.🧩
Yo: ¿Qué pasa con todas las piezas de mi vida que se caen al suelo?
Dios: Déjalos allí por un tiempo. Se cayeron por una razón. Déjalas estar allí un rato y luego decide si necesitas recuperar alguna de esas piezas.
Yo:. ¡No lo entiendes! ¡Me estoy rompiendo!
Dios: No, tú no entiendes. Estás trascendiendo, evolucionando. Lo que sientes son dolores de crecimiento. Estás desprendiéndote de las cosas y las personas en tu vida que te están reteniendo.
No se están cayendo las piezas. Las piezas se están poniendo en su lugar. Relájate. Respira profundamente y deja que esas cosas que ya no necesitas se caigan. Deja de aferrarte a las piezas que ya no son para ti.
Deja que se caigan. Déjalas ir.
Yo: Una vez que empiece a hacer eso, ¿qué me quedará?
Dios: Sólo las mejores piezas tuyas.
Yo: Tengo miedo de cambiar.
Dios: Te sigo diciendo: ¡NO ESTÁS CAMBIANDO! ¡ESTÁS CONVIRTIÉNDOTE!
Yo: ¿Convirtiéndome, en quién?
Dios: ¡Convirtiéndote en quien yo creé para que fueras!. ¡Te amo! ¡No cambies! ¡Conviértete! ¡No cambies! ¡Conviértete!
Conviértete en quien quiero que seas, en quien creé. Voy a seguir diciéndote esto hasta que lo recuerdes.
Yo: Entonces... ¿no estoy roto?
Dios: No, pero estás rompiendo la oscuridad, como el amanecer. Es un nuevo día.🍃
¿Por qué María Corina grabaría ese vídeo en un parque al aire libre para exponerse y no otra vez bajo resguardo?
¡Sospechoso! Lo que está pasando es muy raro.
#Farmafias
Sigue la persecución contra la familia Frank Suárez, el médico naturista gran critico de las llamadas vacunas y por ende de las farmacéuticas había sido lamentablemente muerto en muy extrañas circunstancias, ahora lo han tomado contra la familia.
PARA REFLEXIONAR
Dios maneja los hilos de nuestra vida mucho mejor que nosotros, aunque no entendamos sus infinitos designios.
Un monje benedictino de nombre "Serafino" pedía al Señor insistentemente de poder ocupar su puesto en la cruz, porque quería compartir el rol de Cristo Jesús. Un buen día, mientras el monje estaba rezando en la Iglesia de rodillas, el Crucificado se le apareció y le dijo: "te voy a proponer una cosa. Quédate en la cruz de esta Iglesia, la que está allí sobre el altar. Pero te pongo una condición. Debes permanecer en silencio, sin decir una sola palabra. ¿Estás de acuerdo?". Serafino, siendo monje y estándo acostumbrado al silencio, hace la promesa inmediatamente y sin chistar. Entonces Cristo baja de la cruz y le cede el puesto a Serafino.
Luego de lo sucedido, entra a la Iglesia un rico a hacer sus oraciones cotidianas. Mientras rezaba se le cae la billetera. El rico no se dio cuenta de esto, se levantó y se fue. Serafino desde la cruz había visto todo, pero tenía que guardar silencio. Y así lo hizo.
Cuando el rico se fue, entra un pobre, que también comenzó a rezar. Sin embargo, mientras rezaba vio la billetera en el suelo y los ojos se le fueron rápidamente sobre ella. El pobre cuidadosamente vio que no había nadie cerca, toma la billetera y se va apenas haciendo la señal de la cruz. Serafino tenía ganas de gritar "no hagas eso, no es tuya esa billetera". Pero tenía que estar callado. Y así lo hizo.
Finalmente entra un jovencito, de buen aspecto, que comienza a rezar piadosamente. En ese mismo momento entra el hombre rico con la policía diciéndo que había dejado en la Iglesia la billetera, la cual no encontraron. Como el único que estaba presente en la Iglesia era el joven, la policía decidió arrestarlo. En ese momento, Serafino no pudo con su genio y habló gritando: "Es inocente". Podemos imaginarnos la reacción del rico y la policía, al ver que el crucifijo emitió palabras. La policía dejó ir al joven que debía tomar un barco y arrestaron al pobre que había tomado la billetera indebidamente.
El Señor Jesucristo volvió hacia Serafino con el rostro oscuro. Se lo veía muy dolido y casi que le salían lágrimas de los ojos. El Dios hecho hombre, sécamente le dijo a Serafino: "lo arruinaste todo. Debías callarte la boca. Con tus palabras hiciste un daño terrible". Serafino un poco sorprendido le retruca: "Pero Señor...puse en orden las cosas. Se hizo justicia". Jesucristo, aún más indignado, con voz suave pero firme le dice: "no hijo mío. Te equivocaste muy fieramente. Debías guardar silencio, así yo te lo había mandado y lo habías prometido. Cuando hablaste hiciste un daño irreparable. Aquel rico que perdió la billetera estaba a punto de pagarle a un mafioso para asesinar a una persona. Si hubiese perdido la billetera, no hubiése cometido ese crímen. Ahora lo hizo cometiéndo un pecado mortal y quitándole la vida a un inocente. Ese pobre que tomó la billetera, si bien hizo mal en realizar tal acción, sin embargo estaba en una situación desesperante. Realmente necesitaba el dinero. Ahora resulta que fue a la cárcel y sus hijos quedaron sin la protección de su padre. Y ese joven que iba a ser arrestado, se embarcó y esta misma noche un maremoto destruirá su barco y morirá él y todos lo que con él se encuentran. Si hubiése sido arrestado, hubiése pasado un día en la cárcel, hubiése pérdido el barco y por ende hubiése salvado su vida. Lo arruinaste todo querido Serafino, y por lo tanto no estás a la altura de ocupar mi lugar en la cruz. Aún cuando eres un monje y te crees ir muy adelante en la vida espiritual, mi Santa Providencia maneja las cosas mucho mejor que cualquier plan humano, aún cuando todo parezca ir de mal en peor, pues yo soy el único capaz de sacar de los grandes males, bien aún mayores".
Moraleja: No te creas más sabio que Dios, ni más bueno que el Omnipotente. Aunque no entiendas los designios de la Providencia Divina, abandónate en las manos de Dios, pase lo que pase.