Nos vendieron la idea de que sanar es ir a terapia, meditar, tomar té y escribir en un diario; pero sanar también es sentir rabia, llorar por lo mismo otra vez, retroceder, tener recaídas, perder la fe. Sanar no siempre se ve bien, ni se siente bien; y no, no estás “dañado” por no estar en tu versión más luminosa, estás siendo humano.
Qué rico coincidir con un hombre que su concepto de diversión es ir al cine, conocer restaurantes bonitos, ir al gym, hacer noche de pelis, cocinar juntos, planear viajes y no estar de fiesta cada fin de semana.