Antes pensaba que necesitaba más motivación.
En realidad necesitaba menos distracciones, menos ego y menos excusas disfrazadas de “esperar el momento correcto”.
Algo que me costó entender es que la disciplina no siempre se siente poderosa.
A veces se siente aburrida.
Repetitiva.
Incluso un poco absurda.
Porque hacer lo correcto constantemente rara vez produce la emoción inmediata que produce distraerte.
Pero a largo plazo cambia completamente quién te conviertes.