Aspiro a ser una mujer que despierta todos los días y ama su vida, que protege, que da, que respeta, que ayuda, que sueña, que trabaja y vive en paz con todo lo que hace.
Yo antes: Quiero ser bonita y próspera, de preferencia CEO antes de los 45.
Yo ahora: Quiero tener un rancho con animalitos, no saber de nadie y vender vacas y huevo.
Mi mayor decepción laboral fue entender que no basta con hacer bien tu trabajo ni con amar lo que haces. A veces, si no encajas, no caes bien o no te alineas con el ego de quien lidera, todo tu esfuerzo deja de ser suficiente, incluso cuando cumples y das lo mejor de ti.
La depresión de los 25/30 es entender que nadie viene a rescatarte.
Ni una pareja, ni un trabajo, ni un golpe de suerte.
Sos vos, con lo que hiciste y con lo que no.