Simplemente Yucsy... Mamà, Esposa y Democrata 100%...Somos Almas viviendo una experiencia humana...Creo en Dios Todopoderoso y en una Venezuela LIBRE...!!!
🔴 | Un cachorro puma fue fotografiado con una mirada llena de amor hacia su madre. 🐾❤️ El fotógrafo de vida silvestre Rodrigo Ahumada Zeidan captó este entrañable momento en la Patagonia chilena.
Ayer fui a visitar a mi amiga, la que hace días sufrió un ACV. Su caso es inhumano. La dieron de alta (para desocupar la cama); nunca la vio un neurólogo, pero los médicos del Hospital de Bejuma dijeron que debe estar en casa porque su tratamiento es oral.
Tuvo un ACV izquemico. Perdió la visión. No camina ni puede valerse por sí misma. Su hijo mayor, como 6 días antes también había sufrido un ACV. Su hija, que además es diabética y tiene un pie comprometido, es quien la está cuidando.
Los encontré anoche en el porche de la casa porque no había electricidad. El calor sofocante la hace tener desmayos y arritmias. Entre varios estuvimos por horas dándole brisa con un abanico. Le solicité al alcalde de Montalbán una silla de ruedas para ellas y ni por casualidad respondió.
De verdad que para estar enfermo en Venezuela, a veces es mejor morirse.
Hoy es 13 enero, Día Mundial de la Lucha contra la Depresión.
A una persona deprimida no se le dice que todo se soluciona pensando positivo, que le falta fuerza interior o que esta exagerando.
Meterte con la salud mental de alguien más, es lo más horrible y sin corazón que puedes hacer.
No se cura con un "no te preocupes, tienes que salir más".
La depresión silenciosamente termina apoderándose de ti.
No es un juego, busca ayuda.
📷: Astronauta Emocional.
SOLO PARA INTELIGENTES 🧠
*Te recomiendo leerlo cuando tengas tiempo, tranquilamente para disfrutarlo. Es de Jorge Luís Borges, escritor y poeta . Una auténtica joya...
"De tanto perder aprendí a ganar; de tanto llorar se me dibujó la sonrisa que tengo.
Conozco tanto el piso que sólo miro el cielo. Toqué tantas veces fondo que, cada vez que bajo, ya sé que mañana subiré.
Me asombro tanto como es el ser humano, que aprendí a ser yo mismo.
Tuve que sentir la soledad para aprender a estar conmigo mismo y saber que soy buena compañía.
Intenté ayudar tantas veces a los demás, que aprendí a que me pidieran ayuda.
Traté siempre que todo fuese perfecto y comprendí que realmente todo es tan imperfecto como debe ser (incluyéndome).
Hago sólo lo que debo, de la mejor forma que puedo y los demás que hagan lo que quieran.
Vi tantos perros correr sin sentido, que aprendí a ser tortuga y apreciar el recorrido.
Aprendí que en esta vida nada es seguro, sólo la muerte … por eso disfruto el momento y lo que tengo.
Aprendí que nadie me pertenece, y aprendí que estarán conmigo el tiempo que quieran y deban estar, y quien realmente está interesado en mí me lo hará saber a cada momento y contra lo que sea.
Que la verdadera amistad si existe, pero no es fácil encontrarla.
Que quien te ama te lo demostrará siempre sin necesidad de que se lo pidas.
Que ser fiel no es una obligación sino un verdadero placer cuando el amor es el dueño de ti.
Eso es vivir. ... La vida es bella con su ir y venir, con sus sabores y sinsabores…
Aprendí a vivir y disfrutar cada detalle, aprendí de los errores pero no vivo pensando en ellos, pues siempre suelen ser un recuerdo amargo que te impide seguir adelante, pues, hay errores irremediables.
Las heridas fuertes nunca se borran de tu corazón pero siempre hay alguien realmente dispuesto a sanarlas con la ayuda de Dios.
Camina de la mano de Dios, todo mejora siempre.
Y no te esfuerces demasiado que las mejores cosas de la vida suceden cuando menos te las esperas. No las busques, ellas te buscan.
Lo mejor está pasando..."
El zoológico de Japón lleva las hojas rojas favoritas del panda a su jaula para levantarle en ánimo. Es realmente impresionante ver la felicidad del panda después de este obsequio
Mi gran anécdota sobre la figura de José Gregorio Hernández, es que cuando se grabó un especial sobre su vida en Venevisión, una de las locaciones fue en el colegio en el que estudié (San José de Tarbes) y Mariano Álvarez, que lo interpretaba, llegó caracterizado. (Sigue)
—Aquí no eres bienvenido. Y no quiero verte más.
Eso fue todo.
No hubo explicaciones, ni reclamos, ni llanto.
Solo una puerta cerrándose con rabia y una voz que nunca pensó escuchar así: la de su madre.
Él, con 22 años, creyó que solo iba a tener una discusión más.
Una de esas peleas absurdas que siempre terminaban con el clásico “largo de aquí, pero igual regresas”.
Pero esta vez no.
Esta vez lo corrió… de verdad.
Sin dinero, sin celular, sin mochila.
Solo con lo puesto y el orgullo herido.
Primero fue con su mejor amigo.
El de las risas, las fiestas, los “aquí estamos para lo que sea”.
—¿Puedo quedarme unos días? Me sacaron de mi casa.
—Uy, bro… es que ya sabes, mi jefa no quiere visitas. Y aparte mañana tengo cosas… tú entiendes, ¿no?
Sí, entendió.
Siguió con otro.
—Me quedé sin casa.
—¿Y qué? ¿Te vienes a vivir aquí? Aquí no es albergue, carnal.
Sí, entendió otra vez.
Buscó a su novia.
La misma que le juraba amor eterno.
Le lloró, la abrazó, le pidió ayuda.
Ella se quedó callada.
Y regresó con un simple:
—Mis papás dicen que no… y yo… tampoco puedo. Perdón.
Y se quedó solo.
Solo como nunca.
Horas después, en una banqueta, mirando al cielo, con hambre, coraje y decepción, entendió algo:
Había estado rodeado de gente que lo quería solo cuando tenía algo que dar.
Y justo cuando la tristeza empezaba a volverse costumbre… apareció su madre.
—Vámonos a casa.
—¿Para qué? ¿Para que me vuelvas a correr?
—No. Para que entiendas.
Súbete.
En el camino, nadie habló.
Solo el silencio entre ambos pesaba como castigo.
Al llegar, ella lo sentó, lo miró a los ojos… y sin titubear, le dijo:
—Te saqué de la casa porque necesitabas abrir los ojos.
Porque te la pasas rodeado de gente falsa, interesada, cobarde.
Y tú jurabas que eran tu familia.
—Yo no te iba a enseñar eso con palabras.
Tenías que vivirlo.
Tenías que caerte y ver quiénes se agachan a levantarte… y quiénes te pisan.
Él se quebró.
Y en medio de su llanto, ella lo abrazó como cuando era niño.
Sin juicios. Sin “te lo dije”.
Solo con amor.
Y entendió.
Entendió que a veces quien más te ama, no te cuida…
te confronta.
Te sacude.
Te deja caer para que veas con tus propios ojos lo que no querías aceptar.
⸻
💥 Porque la vida te enseña: cuando tienes, todos te celebran. Pero cuando no tienes nada… descubres quiénes realmente te sostienen.
Dos grandes gestos de hoy:
1. El de María Corina Machado al dedicar su premio Nobel de La Paz a Donald Trump y a todos los venezolanos 🇻🇪👏🏼.
2. El del presidente Trump al llamar ☎️ a María Corina para felicitarla por el premio y poner a Venezuela como prioridad en su agenda.
“Si me pasa algo, no me busquen; no interesa lo que me pueda pasar, sigan luchando. ¡Esa es la instrucción!” María Corina Machado.
Su lucha incansable por la libertad le ha merecido hoy el premio nobel de paz.
Pero el galardón más grande, será la libertad de su pueblo.
Los venezolanos hemos recibido con inmensa emoción y renovada esperanza este reconocimiento del Comité Noruego del Nobel.
El mayor tributo al legado de Alfred Nobel será asegurar la transición a la Democracia, conquistar nuestra Libertad y, de esta forma, alcanzar la Paz.
Venezuela será libre!
Esta publicación no es como periodista, sino como venezolana y como mujer latinoamericana. Me llena de orgullo ver cómo María Corina Machado se convierte en la primera mujer venezolana en ganar un Premio Nobel de la Paz.
Estas fotografías guardan un valor muy especial para mí. Fui una de las últimas periodistas en conversar con ella en persona, apenas dos días antes de que tuviera que pasar a la clandestinidad. Desde entonces, sus entrevistas solo pudieron darse a través de internet o por Zoom.
Ese encuentro fue suficiente para descubrir a la mujer detrás del personaje político: una persona cálida, con una fuerza serena y un carisma que llenaba el espacio. La llaman la Dama de Hierro, pero su fortaleza va más allá de ese título; es una mujer con luz propia y una convicción que inspira.
Guardo estas fotos con cariño porque, en su momento, ni siquiera pude publicarlas. En la redacción consideraron que mostraban demasiada cercanía para mantener la distancia periodística. Hoy, sin embargo, las comparto con orgullo y alegría, porque representan algo mucho más grande: el honor de haber estado frente a una mujer que cambió la historia y que, con su valentía, nos devolvió esperanza a millones de venezolanos.
Clase de manejo hizo @MariaCorinaYA con Trump.
Yo estaba algo preocupado debo decir, ya que veía algunas declaraciones de gente de la casa blanca, y no eran positivas.
Ella lo manejo perfecto. Trump por otro lado, dejó claro su apoyo, el hecho de que ha estado con ella (otro golpe a los que dicen que Trump no le paraba a ella y que nada tenía que ver), y también dejó claro que seguirá en ese camino de apoyo.
Hoy llevaron golpes los chavistas, los falsos opositores, los amargados, los radicales de mentira.
No hubo contemplación con ninguno hoy.
#AHORA | Donald Trump sobre el Nobel de la Paz de María Corina:
"Quien ganó me llamó. Me dijo que lo está aceptando en mi honor, porque lo merezco. Fue una cosa muy linda de decir. Ella es muy buena. La he estado ayudando. Ellos necesitan mucha ayuda en Venezuela".
Qué hermoso, histórico y conmovedor momento. Mil felicitaciones @MariaCorinaYA que este reconocimiento sea otro impulso que lleve tu lucha “hasta el final”. Es una gran inspiración verte luchar incansablemente por la recuperación de la democracia en #Venezuela.
Mi hija me pidió que la cambiara de colegio.
Así. Sin lágrimas. Sin enojos. Sin rabia.
Solo se me acercó mientras yo preparaba la cena y dijo despacio:
—“¿Puedo estudiar en otro lugar?”
Le pregunté si había pasado algo.
Me dijo que no.
Le pregunté si no tenía amigas.
Me dijo que no sabía.
Entonces le pregunté si alguien la trataba mal.
Y se quedó callada.
Esa noche no pegué los ojos.
Al día siguiente inventé que tenía que hablar con la directora.
Pero en realidad fui a mirar.
Me quedé en un pasillo y esperé al recreo.
Y ahí la vi.
De pie junto a la verja, con el termo en la mano, mirando al suelo.
Un grupo de niñas pasó y se empujaron entre ellas riéndose.
Un niño le tiró el jugo en la blusa y salió corriendo.
Otra niña le sacó una foto escondida con el celular y la mostró entre risas.
Ella no dijo nada.
Solo apretó los labios.
Como si ya estuviera acostumbrada.
Pero lo que más me dolió no fue eso.
Fue ver que una profesora pasó justo en ese momento.
La miró.
Miró a los otros.
Y siguió caminando como si nada.
Como si mi hija fuera invisible.
Después escribí al colegio.
Les conté lo que ella me había insinuado.
Que en el aula le escondían los cuadernos.
Que en los pasillos le ponían sobrenombres.
Que en el grupo de WhatsApp se burlaban de sus fotos.
Me respondieron con la típica frase:
—“No se preocupe, son cosas de muchachos. Lo estamos manejando.”
Pero no hicieron nada.
Nada.
Esa tarde, al volver a casa, me preguntó bajito:
—“¿Ya lo pensaste?”
Le respondí que sí.
Y que no tenía que volver más a ese colegio.
No preguntó por qué.
Solo dejó su mochila en la esquina y respiró profundo.
Como quien por fin suelta un peso que llevaba cargando sola.
Ahora estudia en otro lugar.
Ni más grande.
Ni más moderno.
Solo más humano.
Donde la miran a los ojos.
Donde la llaman por su nombre.
Y donde no tiene que hacerse pequeña para no ser molestada.
Porque un niño —o una niña— no pide un cambio de colegio por antojo.
Lo pide cuando ya no puede más.
Y lo más desgarrador no es lo que hacen sus compañeros…
sino lo que no hacen los adultos que se supone debían cuidarla.
Y ojalá esto no fuera tan común.
Ojalá no fuera yo una de tantas madres que aprendió demasiado tarde.
Porque hay algo que nunca se olvida:
el día en que tu hija te pide, casi en susurros,
que la saques del único lugar donde debería sentirse protegida.
Historia anónima