Me despido de México y de los Raboneros con un último mensaje: no dejen morir su fútbol.
A las aficiones, a los futbolistas y a los clubes de Expansión: únanse y luchen por recuperar el ascenso y el descenso.
Hay ciudades y jugadores que merecen volver a soñar. Porque sin sueños, el fútbol pierde su esencia.