“Zoe y-yo… te extraño muchísimo… o sea, no es que no pueda estar sin ti ni nada… ¡pero sí puedo! Bueno, no tanto… ¿te quedarías esta noche en mi casa? ¡Por favor!”
───Sus mejillas se tiñeron de un delicado rubor rosado. Estaba emocionada por verla otra vez, la había extrañado más de lo que quería admitir. Su corazón latía con fuerza, y no podía evitar pensar que nadie más lograba hacerla sentir de esa manera.
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—¿Marinette? —Zoé parecía tan confundida como se sentía. Ella todavía dudaba en decirle algunas cosas, pero no porque le asustara, sino porque no se sentía digna de ser amada por alguien tan justo y amable. No quería que supiera que buscaba justicia con mano dura.
No me gusta tener que inventar excusas todo el tiempo... es tan frustrante, porque me gustaría pasar más tiempo contigo.
Eres mi novia y nunca podría perdonarme si algo malo te sucediera.
───La chica de cabello azul la condujo hasta su habitación, sosteniéndola de la >
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—Oh... ¿De qué? No tienes que hacerlo, Marinette. Tus secretos son tuyos hasta que estés cien por ciento segura de compartirlos, pero si lo sientes ahora, entonces te escucho.
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—Pues todo empezó en la panadería de tu familia... Chocamos y vi a la chica más hermosa, amable y carismática del mundo. Fue el descubrimiento del siglo.