Deja que mis manos borren tus dudas,
que mi boca calle tus pensamientos
y que mi cuerpo te haga sentir segura.
Déjame demostrarte que no hay nada que temer cuando estás conmigo.
—Rubén Lubo
ELLA sabe que hay ángeles negros que no son malos, solo son la antesala del deseo y la entrada al pecado, solo son inolvidables, si se meten dentro de ti ya no desearás que salgan. Entonces solo querrás rezarles una oración:
Llevame contigo, secuestrame en tus ojos color carbón, que tus labios derritan mis prejuicios y temores, bórrame los remordimientos con tus dedos, abrásame con tu piel y fundeme a cada uno de tus pliegues y rincones, graba en mi lengua con tu lengua tus palabras como hechizos, cúbreme con tu oscuridad y escóndeme entre tus alas. ¡Que nadie me encuentre, que nada me salve! https://t.co/CDzBWzFUyI
Os comparto este poema con mi voz, espero que os guste.
«Voy a amarte.» 🤍🌹🖤
Voy a amarte, amor
Cuando las estaciones se fundan en una sola,
cuando el tiempo se contraiga en un solo segundo
y la distancia se vuelva apenas un parpadeo,
entonces mi cintura será presa de tus manos,
mis ojos se entregarán al oscuro fulgor de tu cielo,
y mi voz, ya no extraviada en la noche,
se convertirá en aliento que despierte tu boca.
Cuando el largo viaje termine
y nos reúna por fin en un abrazo que no termine nunca,
te amaré como se ama a todo
y como jamás se ha amado a nadie.
Porque el amor nacerá exacto en ese instante
en que tu piel y la mía se reconozcan.
El mundo callará en un silencio armónico,
y la galaxia entera danzará ebria de luz
celebrando el reencuentro de dos almas que se negaron a morir separadas.
Hasta las sombras llorarán estrellas fugaces.
Las tormentas se rendirán en lluvia mansa.
El frío se volverá solo un viejo cuento.
Los niños sonreirán sin motivo y para siempre.
La inocencia regresará descalza al mundo.
Y el odio, ese viejo impostor,
jamás habrá existido.
Porque en algún rincón de este planeta cansado
por fin se habrán unido
dos luces que el universo
nunca debió permitir que se perdieran.
No me hablen más de desapego
como si amar fuera un error que hay que corregir.
No me pidan que suelte lo que late en mí
como si el corazón fuera un vicio del que hay que curarse.
El verdadero desprenderse no es dejar de sentir.
No es volverse frío, distante, intocable.
Es amar sin clavar uñas en el otro.
Es PERTENECER sin poseer.
Es echar de menos y no morir por ello.
Es seguir siendo uno mismo aunque el otro no esté.
Nos venden el desapego como una virtud
y yo solo veo miedo disfrazado de iluminación.
Porque el amor no se supera.
El amor se integra.
Yo no quiero desapegarme de ti.
Quiero que nos pertenezcamos en el alma
sin que seas mi cárcel ni yo la tuya.
No soltar el amor
—qué clase de loco soltaría el amor—,
sino soltar el miedo de perderlo.
Y si algún día desaparece,
que no sea porque lo destruyó el desapego.
Que sea porque el amor, en su forma más pura,
también sabe dejar ir
sin dejar de ser amor.
Ya no me dan ganas de escribirte, pero si me escribieras, todavía me alegraría el día. No me importa con quién estás, pero a veces imagino si te trata mejor que yo. Te dejé de buscar, pero nunca dejé de pensarte. No volvería contigo, pero hay noches donde desearía que no te hubieras ido. Te perdí el interés, pero no el cariño.
Me da igual
el camino que has seguido,
lo que ha pasado
antes de encontrarte.
Me da igual
la asimetría
de tus cejas al fruncir el ceño,
tus pequeños silencios
al mojarlos labios.
Me da igual
tu mirada a veces taciturna,
al llegar el reflejo de la luna.
Porque solo me importa
la coincidencia de latidos,
los sueños forjados en común,
sólo me gusta ver tu sonrisa
cuando tus ojos se encuentran
con los míos.
Porque te quiero así,
feliz, completo
ilusionado con el destino.
"Quien trabaja con sus manos es un obrero. Quien trabaja con sus manos y su cabeza es un artesano. Quien trabaja con sus manos, su cabeza y su corazón es un artista".
- San Francisco de Asís.
Yo nunca quise
irme…
tú me obligaste
a hacerlo.
No me lo pedías
con palabras,
pero sí
con silencios,
con dudas,
con ausencias.
Poco a poco
me empujabas.
Uno no se va
porque quiere…
se va
porque ya no lo dejan
quedarse.
—Rubén Lubo
El amor no es solo sentir bonito. Eso dura un rato. Amar de verdad es otra cosa: es construir. No desde la fantasía, sino desde la lucidez. Dos personas que no solo se desean, sino que también se saben cuidar. Que aprenden a ser amigos cuando la vida aprieta, compañeros cuando toca sostener, cómplices cuando el mundo pesa y amantes cuando todavía recuerdan que el deseo también se cuida.
No se trata de no tener problemas. Se trata de no convertir cada problema en una despedida. El amor maduro no es el que nunca se rompe, es el que sabe hablar antes de romperse del todo. El que no idealiza, pero tampoco se descuida. El que entiende que convivir no es aguantar, y que elegir a alguien no se hace una vez: se hace muchas. A veces con ganas. A veces con cansancio. Pero siempre con verdad.
Amar bien no es encontrar a alguien perfecto. Es encontrar a alguien con quien valga la pena construir imperfectamente. Alguien con quien puedas reír, descansar, discutir sin destruirte y seguir sintiendo que, incluso en los días torpes, hay algo ahí que merece ser cuidado. Porque el amor no se sostiene solo con emoción. Se sostiene con presencia, con intención y con esa rara madurez de seguir eligiéndose sin dejar de elegirse a uno mismo.