Brasil lleva años intentando resolver una supuesta inferioridad frente a Europa mediante la europeización de su fútbol: entrenadores tácticamente obsesionados, jugadores formados desde adolescentes en clubes europeos, preocupación por la transición defensiva, bloques, intensidad, ocupación racional de espacios. El problema es que, al hacer eso, no puede terminar compitiendo contra los europeos precisamente en aquello que los europeos saben hacer mejor. Brasil se olvidó de su identidad, de su esencia.