El vientre de cada mujer embarazada es un sagrario, guarda una vida nueva que es un don de Dios. María, Madre de Jesús aceptó este don y por ello, dio al mundo el Salvador, el prometido Mesías.
“Aunque en el corazón hayas sepultado la esperanza, no te rindas: Dios es más grande. La oscuridad y la muerte no tienen la última palabra. Ánimo, con Dios nada está perdido”.
18 de diciembre, Nuestra Señora de la Esperanza. ¡Qué no nos falte nunca!