¿No os ha pasado que a veces duele más la expectativa que la realidad? Nos frustramos porque esperamos que los demás nos devuelvan lo que damos… pero no es culpa suya. Somos nosotros quienes nos ilusionamos creyendo que sienten igual, que dan igual. Y no siempre es así.
Cuando alguien fallece pasan años y creemos que lo hemos “superado”. Pero entonces llega algo, un olor, un sonido, un lugar, una palabra, y todo estalla. Y entonces eres consciente de que sólo nos acostumbramos a esa falta pero nunca aprendemos a vivir sin ella.