🧵 𝐌𝐄 𝐃𝐄𝐒𝐏𝐄𝐑𝐓𝐄́, 𝐕𝐈 𝐄𝐋 𝐀𝐂𝐔𝐄𝐑𝐃𝐎 𝐏𝐄𝐓𝐑𝐎𝐋𝐄𝐑𝐎 𝐘… 𝐂𝐎𝐍̃𝐎.
X explotado hablando sobre el acuerdo petrolero entre EEUU y Venezuela. Y como yo de petróleo NO SÉ NADA, me puse a leer.
Y tengo sentimientos encontrados.
Porque sí, ¿Cómo no voy a querer que entre inversión a Venezuela? ¿Cómo no voy a querer que se reconstruya la industria petrolera, que haya empleos, hospitales, electricidad, agua, carreteras y que nuestro país vuelva a levantarse? 𝐂𝐥𝐚𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨.
Pero la preguntita es: ¿quién va a manejar todo ese dinero?
Porque el dinero puede entrar. Muchísimo. Pero si quienes llevan años saqueando Venezuela siguen teniendo capacidad para manejarlo, ¿qué cambia para el venezolano?
¿Quién controla los contratos? ¿Quién vigila? ¿Quién audita? ¿Quién garantiza que esa riqueza termine en hospitales, electricidad, agua, salarios y oportunidades y no en las cuentas de los mismos de siempre?
Yo sigo leyendo a gente diciendo que no tiene luz, no tiene agua, no consigue medicinas y no le alcanza el sueldo. 𝐘 𝐞𝐬𝐨 𝐩𝐞𝐬𝐚.
Quiero que Venezuela vuelva a producir. Pero sigo creyendo que no se puede reconstruir un país entregándole los recursos a quienes todavía forman parte del mismo sistema que lo destruyó.
Y entonces aparece otro nombre que llevamos días escuchando por todas partes: Alejandro Betancourt.
Vuelve a aparecer como una pieza clave en la operación y como intermediario entre Washington y Caracas. Y esto no me lo estoy inventando, así lo publicó The Washington Post, mientras sigue rodeado de investigaciones internacionales por presunto blanqueo.
¿No tenemos derecho a preguntar quién está detrás del negocio?
No voy a mirar para otro lado cuando una persona con ese historial aparece en el centro de una operación petrolera de esta magnitud.
Y aquí es donde me encuentro yo esta mañana: queriendo alegrarme, pero con una piedra en el zapato.
Porque quiero que esto funcione.
Quiero que llegue inversión.
Quiero que Venezuela vuelva a producir.
𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐢𝐞𝐫𝐨, 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐭𝐨𝐝𝐨, 𝐪𝐮𝐞 𝐞𝐥 𝐯𝐞𝐧𝐞𝐳𝐨𝐥𝐚𝐧𝐨 𝐯𝐞𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐫𝐞𝐬𝐮𝐥𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬.
No quiero otra operación millonaria que termine enriqueciendo a 4 mientras el ciudadano sigue haciendo cola para conseguir gasolina, buscando medicinas o rezando para que hoy no se vaya la luz.
Así que no voy a salir diciendo que esto es maravilloso.
Tampoco voy a decir que vendieron Venezuela entera.
Todavía hay demasiadas cosas que necesitamos saber.
Y ahora voy con Trump,
Donald…
Yo entiendo que tengas que utilizar lenguaje diplomático. Entiendo que quieras hablar de acuerdos, estabilidad y relaciones bilaterales.
Pero, coño, Trump.
¿“Highly Respected Interim President of Venezuela”? 🤦🏻♀️
¿En serio?
Esa “respetada presidenta interina” fue vicepresidenta de Nicolás Maduro. Fue una pieza fundamental de ese régimen del que tú mismo has hablado. El mismo régimen del que, después de la captura de Maduro, ahora dices estar ayudando a desmontar.
Hay cosas que uno entiende por diplomacia y hay otras que, sinceramente, dan ganas de vomitar.
Porque cuando quieres llamar a alguien dictador, criminal o enemigo de EEUU, no precisamente te tiemblan los adjetivos.
Y dicho esto: si este acuerdo sirve para que Venezuela vuelva a producir, se reconstruya y el venezolano empiece finalmente a vivir mejor, seré la primera en reconocerlo.
Pero mientras tanto, yo no voy a entregar un cheque en blanco a nadie.
Ni a Trump.
Ni a Delcy.
Ni a Betancourt.
Ni a ningún empresario.
Porque después de todo lo que hemos vivido, ya aprendimos una cosa:
tener petróleo no garantiza tener país.
Lo que importa es quién lo administra, quién lo controla y, sobre todo, quién termina beneficiándose.
Así que hoy no estoy celebrando.
Estoy mirando.
Porque esto puede ser una oportunidad histórica.
O puede ser otro negocio histórico.
Y entre una cosa y la otra…
hay una letra pequeña que todavía quiero leer.
#LosHilosDeMelania
🚨 #URGENTE Gente, vamos, ayudennos a hacer ruido para que les caiga todo el peso de la ley a estos desadaptados. Es un video muy doloroso que publicó @karenexplora y no podemos permitirlo además con especies de nuestra fauna silvestre. #NoAlMaltratoAnimal regálenme un RT por favor 🙏🏻 y que llegue a las autoridades competentes, atención fiscal @LarryDevoe@MinecOficial
https://t.co/rwsl09yuH3
Hoy la segunda vez que quitan la luz, en la Morita, Aragua, primero desde las 11 a. m hasta las 5 p. m, y ahora a a la 1 a. m, nos están torturando, esto no es vida
#SinLuz
@VenezuelaSaime Hoy tenía cita para renovar mi cedula en el saime del Limón estado Aragua y estaba cerrado al público, me fui al saime de Cagua y no me atendieron porque tenía que madrugar, para que dieron cita si no van a atender, que falta de respeto
@mccoam Yo tenia cita hoy para renovar cédula en la oficina el Limon en el estado Aragua y no está abierta al público, voy a Cagua qué según atienden al público y me dicen que ya no hay posibilidad por el día de hoy, y entonces para que dan cita si no atienden, qué falta de respeto
En la Morita I quitaron la luz a las 10:30 a. m hasta las 4:00 p. m y después desde las 8:00 p. m y son las 11:18 p. m y todavía sin luz, así no se puede vivir
@amilcarrock Este video lo deberia de ver el mundo entero, la realidad de un profesor universitario, ya ni disponen de un seguro HCM, ni de un salario digno. Que triste realidad
Desde la semana pasada, con operativos de ICE intensificados en Orlando y ciudades aledañas, lo que está viviendo la diáspora venezolana es aterrador. Me he enterado de varios casos de primera mano. La gente tiene miedo real: miedo de salir a trabajar, de manejar, de no regresar a casa. Familias enteras viviendo en estado de alerta permanente.
Desde la muerte de la joven Good, la sensación en las comunidades es que los operativos se están ejecutando con mayor saña y menor contención. No hablo de teorías, hablo del clima que se respira: más intimidación, más urgencia, más miedo.
En Orlando la situación está particularmente fuerte. Hay padres firmando afidávits para dejar por escrito quién se haría responsable de sus hijos si son detenidos o no pueden reclamarlos. Personas comprando comida por aplicaciones y encerrándose en sus casas para no exponerse. Planes de emergencia listos, no por exageración, sino por supervivencia.
Hoy mismo recibí la llamada de una de mis chicas, que llegó en 2016 y está actualmente con permiso posnatal, para pedirme un afidávit: quiere dejar por escrito que yo me haga cargo de su bebé y de su hijo de 11 años si algo le ocurre.
Han trabajado (y aún trabajan) para mi esposo y para mí muchas mujeres venezolanas. Las he visto echar pa’ lante, trabajar hasta de noche, criar a sus hijos por teléfono y pagar guarderías que les comen buena parte del salario.
Los he visto llegar al garaje de mi casa en bicicleta, y también los he visto, con esfuerzo, sacar un carro nuevo. Clientes y familiares nos han donado muebles, ropa y comida para ayudar a esta diáspora a empezar de nuevo.
Conozco casos puntuales. Una pareja a la que le detuvieron a la muchacha después de llamar a la policía por una pelea doméstica; al no tener estatus, se la llevaron y dejó a una bebé de menos de un año sola con su padre, mientras ella quedó en una cárcel de inmigración.
Otro caso: el esposo de una de mis empleadas fue detenido por una infracción de tránsito y hoy está preso en una cárcel de inmigración.
Esto no es casualidad. Es la consecuencia de una campaña de estigmatización que convirtió a los venezolanos en blanco. Una narrativa que, durante la campaña de Trump, asoció a los venezolanos con el Tren de Aragua, avalada por Trump, repetida por su entorno y lamentablemente amplificada por muchos venezolanos. Incluso María Corina legitimó ese marco en espacios mediáticos vinculados al hijo de Trump.
Siento miedo por ellos, y también mucha tristeza y frustración. Comparto su miedo porque doy fe de que la mayoría son personas honestas y trabajadoras.
Me duele porque por nuestras propias manos (las de mi esposo y las mías) han trabajado muchas de estas personas, siempre de forma digna, esforzándose cada día por salir adelante.
Y no, no me hablen de que “en Venezuela está peor”. Lo sé. Conozco esa tragedia desde ambos lados. Lo sé en carne propia: desde 2010, mi esposo y yo hemos tenido que mantener a nuestros padres, hermanos y sobrinos. Esta realidad no me es ajena.
Y no lo digo para exhibirme. Lo digo porque cansa que cada vez que uno habla de una tragedia concreta aparezca alguien a decir “¿y por qué no hablas de tal otra cosa?”, como si reconocer un dolor obligara a negar todos los demás. Se puede y se debe hablar de más de una realidad sin minimizar ninguna.