Con la atención exógena nos distraemos del estado atencional que queremos y nos alejamos de la atención al presente para perdernos en el objeto de la distracción.
Daniel J. Siegel - Cerebro y Mindfulness.
Foto: Pixabay.
La mente humana danza con el cerebro humano en la pista de baile de las experiencias sociales del constructo compartido que es la cultura humana.
Daniel J. Siegel - Cerebro y Mindfulness.
Foto: Pixabay.
Above all, do not lose your desire to walk. Everyday, I walk myself into a state of well-being & walk away from every illness. I have walked myself into my best thoughts, and I know of no thought so burdensome that one cannot walk away from it.
— Søren Kierkegaard
Muchos creen que el camino interior culmina en una retirada definitiva del mundo. Imaginan que quien ha encontrado su centro se aparta, se eleva, se separa de lo cotidiano. Pero esto es sólo una ilusión del ego espiritual.
El verdadero proceso no termina en la separación.
Termina en el retorno.
Después de haber descendido a las profundidades, de haber enfrentado la sombra, de haber integrado los opuestos, de haber habitado el silencio… el individuo vuelve. Pero no vuelve igual.
Vuelve al mismo mundo —a las mismas calles, a las mismas tareas, a las mismas relaciones— pero con una conciencia distinta.
Y esa diferencia lo transforma todo.
Lo ordinario deja de ser banal.
Lo cotidiano deja de ser automático.
La vida, tal como es, se vuelve campo de presencia y significado.
El individuo ya no necesita escapar hacia lo trascendente, porque ha comprendido que lo trascendente habita en lo inmanente. En cada gesto, en cada encuentro, en cada acto simple.
Trabajar, hablar, cuidar, crear, descansar… todo puede convertirse en expresión del Self cuando se vive con conciencia.
Este retorno es también un acto ético. Porque quien ha visto algo de la totalidad no puede vivir únicamente para sí mismo. Surge naturalmente una forma de responsabilidad: no impuesta, sino orgánica.
El individuo se convierte en puente.
Entre lo inconsciente y lo consciente.
Entre lo profundo y lo cotidiano.
Entre el misterio y la forma.
No necesita predicar.
Su manera de estar en el mundo ya comunica.
Y así, el camino se cierra… y se abre al mismo tiempo.
Porque el final del viaje interior no es la huida del mundo,
sino la capacidad de habitarlo plenamente, sin perder el alma.
El sabio no vive en otro plano.
Vive aquí, pero de otra manera.
Y en ese vivir distinto, lo cotidiano se vuelve sagrado,
y la existencia entera se transforma en una expresión silenciosa de totalidad.
La recuperación de los recuerdos combinada con reflexiones de las narraciones puede ser un modificador de la memoria.
El poder de la presencia - Daniel J. Siegel y Tina Payne Bryson.
Foto: Pexels.
"Cuerpos hay por todas partes.
A mí me excitan las mentes. Las bocas que piensan, los ojos que hablan y las manos que piden pero que también dan. Me enamoran los silencios, las pausas y lo callado. Y me pueden criticar, y decirme que soy raro porque no me gusta lo fácil y solo me atrae lo complicado, pero no me importa lo que digan. Porque cuerpos hay por todas partes, pero mentes que alimenten otras mentes, son difíciles de encontrar."